Frente al control milimétrico del software y las capas digitales perfectamente ordenadas, debe resultar liberador soltar el ratón de golpe para mancharse las manos (o eso me parece a mí, que tengo cero habilidad para hacerlo, pero ya me entiendes…) El salto a la acuarela exige un cambio de mirada radical. En la pantalla siempre tienes la red de seguridad del comando para deshacer errores. Sobre el papel mojado mandan la gravedad y – a veces – el azar. La artista italiana Silvia Pelissero, conocida en el circuito gráfico como Agnes Cecile, domina ese caos líquido con una maestría que te deja clavado en la silla. O el sofá. O donde estés ahora, no importa…
Porque su trabajo plantea un pulso constante entre el fotorrealismo más delicado y la abstracción absoluta. Pelissero utiliza el agua y la tinta no para definir contornos, sino para desdibujarlos por completo. Las manchas de color vibrante, los goteos incontrolables y las salpicaduras violentas de acrílico o carbón se convierten en el verdadero lenguaje de sus retratos. Es una técnica que elude la perfección anatómica para intentar capturar esa melancolía cruda y esa intimidad que se escapa en el día a día. Una sacudida emocional que te golpea sin avisar.
El mérito de esta creadora romana va bastante más allá de la técnica pura. Mucho antes de la saturación de contenido actual ya conseguía atrapar a miles de personas mostrando su proceso acelerado en internet. Sus obras funcionan como una demostración (sincera) de que la pintura más honesta surge cuando asumes la pérdida de control y dejas que el material respire a su antojo.
Pura poesía analógica para equilibrar tanto píxel. Ale.

























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