«Darkness holds the grace of the light«, se puede leer en ese fascinante mosaico viviente que se desvela en Retour à la Caverne. Y es que «nuestro papel como artistas siempre es buscar la luz«, o eso es lo que opina el artista francés JR, una mirada creativa que se plasmó en dos fascinantes actos que nos llevaron, sí, de vuelta a la caverna, o al Palais Garnier de París (como prefieras). Todo porque «no se ahuyenta la oscuridad con más oscuridad. Se ahuyenta con luz, por muy pequeña que sea«. Inspirador, ¿verdad?
Retour à la Caverne, decía: un enorme trampantojo (they call it) cuya primera parte representa una cueva excavada en la gran estructura que alberga la ópera. Iluminada en el centro, la pieza temporal pone de relieve las interacciones físicas y metafóricas entre la luz y la oscuridad. Dividida en dos actos como un libreto de ópera, la obra hace referencia a la alegoría de Platón según la cual emerger de las profundidades de la caverna, y de la oscuridad, aporta conocimiento.
Ya, casi nada.

El «Acto I» se estrenó a principios de otoño con cuatro noches de obras proyectadas, mientras que la segunda parte tuvo lugar el pasado 12 de noviembre. Todavía hoy me sigue fascinando. «En septiembre les invitamos a salir de la cueva para ir a explorar. Esta vez, les invitamos a volver al interior de la cueva«, dijo JR al presentar la obra. «Acto I» retrata la caverna excavada en el centro del edificio, «Acto II» cambia de perspectiva y sitúa al espectador completamente dentro del espacio. Yo creo que me quedé atrapado en ese espacio por culpa de la «Chiroptera«, el espectáculo con el que nos sorprendieron y que contó con coreografía de Damien Jalet y música de (genuflexión) Thomas Bangalter.
Te estoy hablando de esta fantasía:
No sé si la pudiste disfrutar en su momento, pero hoy he querido rescatarla porque si. Porque me inspira (en muchos sentidos) y porque me apetece dejarme hipnotizar por esos más de 150 bailarines que flotan en el andamio elevado de siete pisos.
Brutal.



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