Esta no es una historia con zapatos de cristal o carruajes lujosos. No es una historia de hadas madrinas ni de ratones costureros. No. Esta es una historia tan cierta como el aire que estás respirando, un aire que compartes con las y los habitantes del ghetto rumano de Trebišov, Eslovaquia. Un lugar en el que los príncipes y las princesas viven atrapados entre racismo y discriminación. 7.000 personas en condiciones casi imposibles, sin servicios, con acceso limitado a la educación.
Este círculo vicioso se repite en los casi 800 asentamientos diferentes rumanos en el país. Una realidad que te descubre la mirada inquieta de la fotógrafa Manuela Federl, y lo hace tan en positivo como puede, creando un relato de perseverancia y de esperanza. Un relato de supervivencia.
Al final, muchas veces, va de eso…



































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