Hoy, durante unas horas, todo se apagó. El mundo que conocemos se quedó sin electricidad. Sin luz. De repente, nos dimos cuenta —otra vez— de algo que, en el fondo, siempre hemos sabido: que la luz no es solo funcional. Es emocional. Nos conecta, nos orienta, nos calma. Y también nos recuerda, cuando desaparece, lo frágil que somos. Quizá por eso —y no por casualidad— hoy traigo a Phusions a Mandalaki Studio. Un estudio que no diseña iluminación: diseña atmósferas. Estados de ánimo. Umbrales sensoriales entre lo que vemos y lo que sentimos. ¿Te suena?
Ahora que volvemos a ver. O que lo que llamamos normalidad nos ilumina desde el salón, es un buen momento para visitar la creatividad con la que, desde Milán, Enrico De Lotto, George Kolliopoulos y Giovanni Senin han creado Halo Edition. Esta colección de obras lumínicas no buscan iluminar un espacio, sino amplificar la percepción. Te hablo de círculos de luz flotante, difuminados imposibles y colores que respiran en las paredes, como si en cada rincón pudiera abrirse un portal silencioso a otra forma de estar en el mundo. Y eso, hoy, a mí me suena casi poético.
Porque diseñar luz es – algo así como – diseñar estados de ánimo. Mandalaki hace gala, con el Halo, de una delicadeza casi artesanal, combinada con una precisión tecnológica extrema. Aquí no hay alardes, pero sí encontrarás silencios cargados de presencia. Cada proyección es mucho más que un gesto visual, es una invitación a recuperar el aliento, a dejar que el espacio también tenga su propia emoción.
Hoy, en este día extraño en el que nos hemos quedado a oscuras, el trabajo de Mandalaki resuena todavía más. Porque nos recuerda que la luz no es solo algo que usamos. Es algo que, a veces, necesitamos – imperiosamente – volver a mirar.







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