Uno es amarillo, y luce la sonrisa de un emoji. El otro tiesto, azul, te pondrá ojitos de “llévame contigo”. Una dracaena bebé parece estirarse hacia un sol de bricks. La Pilea hace todo lo posible por ser tan simpática que no puedas evitar tener ganas de abrazarla. Sí, LEGO ha vuelto a hacer de las suyas. Y esta vez no ha necesitado mayores alardes, ni ediciones limitadas, ni grandes licencias, solo han jugado un juego que dominan perfectamente, hacernos sonreír.
Happy Plants es su nuevo set —como dato rándom y curioso, te diré que es el 10349— y desde que se dejó ver, ha empezado a viralizarse con la velocidad de lo inevitable. Porque sí, son adorables. Porque sí, son simples. Y porque, a veces, lo simple es lo que más falta nos hace. Este dúo de plantas de juguete (las famosas dracaena y pilea con ojos, pies y actitud de dibujo animado) es, a su manera, un pequeño manifiesto, el juego también puede ser diseño. También puede ser belleza. Pura actitud LEGO.
Un set que no se riega, pero florece
Pensado para mayores de 9 años (aunque tú y yo sabemos que eso es solo una excusa), Happy Plants se construye con (sólo) 217 piezas, se monta rápido y se entiende aún más rápido, aquí se viene a pasarlo bien. A decorar tu estantería con algo que te mire bonito. A poner una nota de alegría en un rincón aburrido. No es la sofisticación de los bonsáis o las orquídeas de la línea Botanical para adultos. Es otra cosa. Es color, expresión, dulzura.
Pero es —también— un síntoma de estos tiempos. De nuestra obsesión por los objetos bonitos, los adornos sin mantenimiento, los souvenirs emocionales que decoran sin pedir permiso. En una época en la que incluso la decoración necesita ser “compartible”, este set se vuelve irresistible. Y no lo digo yo: lo dicen las redes. Lo dicen los likes. Ays.
Una sonrisa de plástico (pero de las buenas)
Happy Plants no es solo un regalo ideal, es un (otro) mensaje contundente de LEGO recordándonos lo bien que sabe moverse con inteligencia entre generaciones. Que puede hablarte a ti, que creciste con castillos y naves espaciales, y también a tus hijos (o sobrinos, ya me entiendes), que ahora aprenden a contar con bricks. Que puede ser arte, juego y gesto emocional al mismo tiempo. Todo eso, sin perder ni un ápice de encanto.
El 1 de junio, por menos de 20 euros, puedes llevarte a casa un pedacito de alegría en forma de planta que no necesita agua, solo cariño. ¿Juegas?







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