Hay fallos que lo arruinan todo (lo sabes, lo sé). Y hay fallos que revelan verdades. Don’t Buy se ha apropiado de esta verdad (casi absoluta) hasta convertirla su seña de identidad. Por eso no huye del glitch, lo convierte en estética. En memoria pixelada. En identidad hecha trizas. Su serie 404: SELF NOT FOUND es mucho más que un proyecto visual, es un espejo roto donde se refleja nuestra versión más digital. Y la más humana. Ojo.
Usando un pseudónimo que es ya una declaración de intenciones (porque no quiere que compres, quiere que pienses), este creador anónimo fusiona inteligencia artificial, collage, animación y un poco de nostalgia trash para hablarnos de nosotros mismos. De quiénes somos cuando una máquina se equivoca. De lo que queda de ti cuando tu yo online se cuelga. Y no te engañes, hay mucho de eso en nosotros, últimamente. Quizás más de lo que estamos dispuestos a reconocer.
Un glitch. Un loop. Un click fuera de lugar
Sus creaciones parecen sacadas de un sistema operativo al borde del colapso. Ventanas que no cargan, rostros que se funden, tipografías que fallan… Pero ahí, justo ahí, es donde aparece la emoción. Como si el error fuera más sincero que cualquier filtro. Como si cada fallo revelara algo que intentábamos esconder.
Por eso, Don’t Buy juega con los lenguajes del pasado (GIFs, píxeles, interfaces obsoletas), para recordarnos que lo nuevo no siempre es lo más honesto. Su trabajo es —en cierta forma, pero sólo en cierta forma— una crítica, pero también es un refugio. Un espacio donde la imperfección no es defecto, sino estilo. Eso me gusta. Mucho.
Y tú, que te has perdido mil veces en notificaciones, pantallas, perfiles y prompts, ¿no te reconoces un poco ahí? ¿No te imaginas en ese bucle visual que no carga del todo, pero que sabes que es tuyo? Quizás, incluso, nuestro…















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