Ya, lo sé. No suena lógico, pero no me negarás que un poco poético, sí. Quizás hablar (o escribir, ya me entiendes) de una danza a ocho tentáculos o de un vals acuático sin gravedad ni destino, es poco ortodoxo (te lo compro), pero esta (curiosa) danza es el recurso que ha decidido usar BMW para explicarte su última innovación al volante. Porque, a veces, la mejor forma de hablar de tecnología es dejar que una criatura la baile. Por friky que pueda parecer. Que lo parece. Y lo es. En realidad, mucho. Pero funciona…
Esta curiosa pieza se llama “Octowaltz”, y más que un spot, es un delirio elegante. Una solución narrativa que mira al mar para hablarte del asfalto a través de un pulpo (que no creo que se llame Paul) generado por CGI y con alma coreografiada. Cada gesto, cada giro, cada extensión de su cuerpo sirve para narrar —sin palabras— lo que significa Heart of Joy, el nuevo sistema de conducción unificada de la marca bávara.
Una coreografía que no necesita coches
La idea es de Jung von Matt Hamburg. La ejecución, cuando lo veas entenderás por qué la defino así, impecable. Pero lo que brilla aquí no es el realismo (o no) del pulpo. Es la metáfora. Porque Heart of Joy no va de ir más rápido. Va de ir mejor. Más fluido. Más conectado. Y esta criatura marina, con sus movimientos suaves y coordinados, consigue hacerte sentir justo eso, una tecnología que centraliza, que te acompaña.
En este spot no hay coches. No hay curvas imposibles. No hay sonido de motor ni el me gusta conducir de turno. Solo un vals que acaba dándole forma a un mensaje bastante contundente, llevar un BMW puede ser otra cosa. Puede sentirse. Puede entenderse como entiende su cuerpo este pulpo (y no los otros). Coordinado. Intuitivo. Orgánico. Como si en él no hubiera partes, sino un todo.
Cuando la metáfora conduce mejor que el coche
El resultado es puro diseño narrativo. Casi arte aplicado. Es esa nueva ola de comunicación que ya no necesita mostrarte el coche para convencerte. Te habla en otro idioma. Uno que entiende tu imaginación, no solo tu necesidad.
Y sí, hay muchas formas de explicar un avance tecnológico. Pero pocas tan inesperadas, tan sutiles y (también) tan curiosas como esta. Porque al final, lo que hace BMW aquí no es enseñarte un producto. Es hacerte sentir una idea.
Y eso se queda más tiempo en la cabeza. Y en las manos que ansían llevar ese volante.





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