Sí, ya lo sé. Que te dije que había cerrado la trilogía de las playas y me quedé tan ancho. Y ahora voy y vuelvo a llevarte, directamente, a un viaje a la costa, con mucha arena, mucha sal y (ojo) mucho color y diseño. Pero es que igual con este artículo inicio otra trilogía. Igual ha llegado el momento de abrir el melón de dedicarle una serie al fotógrafo, director de arte y surfero David Behar (previously en Phusions) y hacerlo honrando su mirada (y su talento para plasmarla) hacia esos rincones de la beach que a ti, seguramente, te pasan desapercibidos.
Cabana es eso. O va de eso (dilo como quieras), de pasear por sus playas con él. Casi como si llevaras la tabla en una mano y la cámara en otra y de inmortalizar las casetas (o chiringuitos, as you wish) que les dan un toque especial. Único. Un toque de diseño en medio de las dunas que te invita a parar, a preguntar, a tomar, a conversar, a refugiarte en el fondo (que supongo que, en realidad, es a lo que todos vamos cuando nos acercamos a una).
Y, además, las retrata con un estilo absolutamente reconocible. Esa saturación de colores, el contraste, el blanco, el azul, contundentes, las casetas rompiendo el cromatismo y convirtiéndose en puntos de atención absolutamente protagonistas le dan forma a su marca personal. Nada sucede por casualidad, forma parte del plan de David para que te pares y contemples lo mismo que a él le ha llamado la atención. Para que no pases de largo. Para que disfrutes del tiempo que se te cuela lentamente entre los dedos.
Sabes a qué me refiero, ¿verdad? Pues eso, nos vemos en el próximo chiringuito.

























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