Unos orbes que respiran. O lo parece. Figuras redondas que crecen, se doblan, se iluminan con una cadencia orgánica, como si se quisieran comunicar contigo. Como si te respondieran sin palabras. Eso consigue Shimon Bar Yacov, director creativo UX/UI y diseñador 3D, con su serie The Language of AI. No es un gesto espectacular (o no necesariamente), es el susurro plástico de la tecnología que se humaniza.
En cada pieza visual (creada con Cinema 4D y After Effects), Bar Yacov moldea burbujas digitales que se expanden y repliegan, cambian color y textura, vibran ante una orden invisible. Son formas hipnóticas y sensiblesm metáforas capaces de representar los asistentes virtuales que nos observan día tras día. Siri, Gemini… todo cabe en ese suave pulso de luz y materia.
La coreografía de lo seductor
Estos orbes no —necesariamente— te quieren sorprender. Buscan dialogar contigo. En su transformación, sientes un pulso (digital y emocional) como de ser vivo, sin las arrugas del antropomorfismo. Es un diseño que se siente auténtico: responden, vibran, cambian — todo sin palabras— y eso las convierte en poesía silenciosa.
Porque (esto es así), Bar Yacov no crea a partir lo evidente, construye, en el límite entre lo humano y lo virtual, un ecosistema líquido donde la IA deja de ser un código para convertirse en gesto. No hay narrativa ni guion. Solo ese instante de luz que te mira y te devuelve preguntas. ¿Hasta dónde llegamos tú y yo? ¿Hasta dónde llega la máquina? ¿Es todo, acaso, un sueño digital?
Así que te invito a que te queden y te pierdas entre sus orbes. Que mires el tiempo que se dobla ante tus ojos. Y quizá ahí descubras que detrás de cada comando, hay también una espera, una respuesta que resuena en silencio.
Mucho más que unos y ceros.

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