Flota sola, amarrada al silencio. Una cruz color carne sobre el azul turquesa del Adriático. Desde el cielo, parece una tirita absurda, desproporcionada, fuera de lugar. Y justo por eso funciona, porque no intenta disimular, sino evidenciar. La instalación creada por el estudio VICEVERSA para SOS MEDITERRANÉE se clavó (en muchos sentido, ya me entiendes) frente a la costa de Bari como una herida abierta. Y como un gesto desesperado.
Con sus 90 m² de superficie y 360 bloques flotantes, este apósito —aka, tirita, insito— no busca tapar nada. Más bien lo contrario, señala. Irrumpe. Te dice mira aquí, justo a ese lugar en el, nos guste o no reconocerlo, solemos apartar la vista. Porque en 2024, más de 1.600 personas murieron o desparecieron intentando cruzar el Mediterráneo central. Y mientras esa cifra crece, la reacción dominante sigue siendo la indiferencia. De ahí nace esta obra, del hartazgo ante el silencio.
Puede que el arte no repare, pero vaya si remueve…
El gesto no es solo simbólico: SOS MEDITERRANÉE lleva a cabo rescates reales, en condiciones extremas. El barco Ocean Viking actúa como hospital flotante, atendiendo quemaduras, traumas y deshidrataciones. Pero también intenta sanar algo más difícil: la fractura moral que supone dejar morir. Esta intervención es parte de una campaña más amplia que busca fondos, pero sobre todo atención. Porque cada vida rescatada arrastra una historia. Y cada muerte ignorada, una responsabilidad.
Todo ello, como te decía, en Bari, que no fue un lugar elegido al azar. Ciudad portuaria, abierta, históricamente hospitalaria. Y también escenario de esta pieza tan cruda como urgente. Un recordatorio flotante de que el arte, cuando no adorna, puede incomodar.
Y ojalá también movilizar…



Deja un comentario