Un mundo que (quizás) no existe. Un mundo que (sin embargo) reconoces de inmediato. Esa es la extraña magia de Nicola Bartoccelli, el artista detrás de Flowingcomics. Sus ilustraciones no te cuentan la realidad, la reescriben. La transforman, la doblan, la exageran sutilmente, hasta que te sorprendes pensando: «Sí, es así como me lo imaginaba«. Es un acto de fe en la imaginación, un juego que te dice que la vida, si la miras con la suficiente atención, se convierte (o se puede convertir) en otra cosa.
Nicola tiene una forma de mirar el mundo que no se conforma con la superficie. Y lo más fascinante es que su universo, el que plasma con una línea precisa y un sentido arquitectónico del detalle, se parece mucho al nuestro. Quizás sea porque, (muy) en el fondo, tú y yo vivimos con un pie en la realidad y otro en la proyección de lo que querríamos que fuera. Lo que él hace es, simplemente, ponerle un paisaje a ese sentimiento, para que podamos habitarlo.
Cuando la línea se hace sueño…
La esencia de Flowingcomics reside en esa tensión. Sus ilustraciones, marcadas por una línea geométrica y nítida, son espacios suspendidos en el tiempo. Flotan entre lo posible y lo absurdo, entre lo serio y lo lúdico, entre la precisión técnica y la invención pura. En sus obras hay una calma que te atrae, la misma calma de las cosas tangibles, pero también la libertad de una visión que no se rinde ante la lógica.
Nicola no se limita a ilustrar paisajes o ciudades, eso sería demasiado sencillo para un artista como él, ilustra atmósferas. El humor, la melancolía, el asombro… Sus mundos pertenecen tanto al presente como a un recuerdo que no sabías que tenías. A veces se sienten como fragmentos de sueños que acabas de tener, otras veces, como la cartografía secreta de una emoción sin nombre.
La maestría de habitar un mundo propio
Y es en esa zona incierta donde, hoy, nos movemos tú y yo, que nos acabamos convirtiendo en algo más que meros espectadores. Nos invita, con una delicadeza casi impalpable, a mirar más de cerca, a resolver ese puzzle visual que nos propone. Porque la obra de Nicola Bartoccelli es, en esencia, realismo filtrado por la imaginación. Una forma de retratar el mundo no como es, sino como lo sentimos. Y quizás por eso, cuando te adentras en sus imágenes, te sientes en casa, aunque no sepas muy bien en qué lugar estás.
Y eso, si lo piensas bien, eso es más divertido que vivir sólo en la realidad, ¿verdad?













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