No es fácil capturar el vértigo y la ternura al mismo tiempo. Lo sabes. Pero Lisa Metzger-Pegau lo intenta en cada disparo, su cámara no busca congelar instantes, sino deshacerlos. Alargarlos en el tiempo. Difuminarlos. Su – fascinante – obra es como una coreografía en la que el viento, la luz y el recuerdo se mezclan a ritmo de fotografía impresionista. No hay nostalgia ni espectáculo prefabricado, sólo esa pulsación rara que tienen los instantes cuando están a punto de desaparecer.
De noche o a plena luz, cada feria ambulante que retrata le sirve de escenario para desafiar los límites entre pintura y fotografía. Metzger-Pegau juega con la exposición larga, el desenfoque y el movimiento voluntario, despojando a cada imagen de su contorno y dejándonos apenas una estela, una pista visual como de carrousel abandonado. El resultado se construye entre escenas que parecen pintadas desde la memoria, donde lo efímero se vuelve belleza y lo fugaz toma cuerpo.
«Imagínate mariposa, un soplo fugaz en la tempestad. Alzas el vuelo, arrastrado por una fuerza que te es incomprensible.»
Lisa Metzger-Pegau
El color decide moverse en cada clic…
Olvídate de las fotos rollo souvenir, en su creatividad el vértigo es lo que importa. Metzger-Pegau arrastra la luz, la curva y la distorsiona hasta que los caballitos y las sillas voladoras se quedan suspendidos en una danza abstracta. El parque de atracciones, ese lugar que ha sido el escenario de tus ilusiones alguna vez (y de algún gran temor), se diluye en cintas de color y pinceladas digitales. No hay niños ni adultos, sólo el pulso de lo que estuvo, lo que quedó y lo que el propio viento se llevó.
Metzger-Pegau, a través de una precisa y una búsqueda obsesiva, logra que el paisaje se convierta en motivo, y el motivo, en una pregunta. ¿Dónde termina la fotografía y empieza la pintura? ¿Cuánto dura la alegría de un giro antes de que el desenfoque lo arrastre? Bueno, son dos preguntas, sí. Pero las dos se contestan a través de la disciplina de una arquitecta que comprende la estructura, liberada por la intuición de una pintora que solo obedece al color. Quizás por eso, su lente convierte la alegría fugaz de una feria en algo permanente y digno de colgarse en un museo.
«El viento te envuelve, y despliegas tus alas: te tropiezas, no con la libertad, sino con la incertidumbre. Cada impulso de tus alas es una incursión en el misterio, un acto de entrega total.»
Lisa Metzger-Pegau
Que así baile siempre el recuerdo
Entrando en sus creaciones, observando el mundo a través de sus ojos, entenderás que el arte tiene sus propios relojes. No hay prisa en estas fotos, el tiempo se estira, la mirada se curva y el instante baila antes de desvanecerse. Lo que permanece en la retina (en tu retina) no es una imagen fija sino una sensación envolvente, la del recuerdo de haber visto algo bonito y no haber necesitado clasificarlo.
Por eso, Lisa Metzger-Pegau te obliga a hacer una pausa. Te recuerda que la fotografía tiene un potencial que va más allá de la documentación, que – también – puede ser una herramienta para evocar la emoción pura, aquella que se siente con el viento en la cara. Y te preguntas si no es esa sensación, la de dejarte llevar por el movimiento, la que deberíamos aplicar también a tu (o nuestro, ya me entiendes) día a día.


































































© Lisa Metzger-Pegau (photo)

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