Si eres de los que creciste haciendo chuts imposibles desde el sofá mientras Oliver corría – y corría, y corría – hacia la portería, Damiano Stingone ya te tenía fichado hace tiempo. Y ojo, porque repetir plato en phusions suele ser señal de que lo que probamos nos dejó con ganas de más. Por eso, aunque haga un año que nos detuvimos, por primera vez, en el portafolio de Stingone, analizando cómo lograba comprimir décadas de cultura pop en vectores planos y silenciosos, hoy volvemos por pura coherencia creativa. Entra tanta tendencia visual que caduca antes de que termines de hacer scroll, que un ilustrador se mantenga fiel a su esencia y siga encontrando oro en el pasado tiene un mérito doble. Stingone no fue un one-hit wonder viral, es un corredor de fondo que ha entendido que la memoria colectiva de los ochenta y noventa es un pozo sin fondo si sabes cómo iluminarlo. Y que viva la nostalgia…
Su propuesta estética sigue siendo el mismo refugio – ese que ya conoces – de calma en colores pastel y técnica minimalista que tanto te atrapó. Pero hay una madurez nueva en cómo aborda sus obsesiones. Ya sea congelando el tiempo en un partido eterno de Oliver y Benji (aka Campeones), sintetizando la mística de Karate Kid o elevando unas simples Nike y a los Club Dogo a la categoría de iconografía sagrada, Damiano opera con la precisión de un cirujano y el alma de un niño. Se puede intuir (sin demasiado esfuerzo) un diálogo constante entre la síntesis gráfica japonesa y el Pop Art occidental, pero despojado de cualquier cinismo. Sus piezas no son descaradas, te susurran referencias que activan directamente el centro del placer de tu cerebro, eliminando todo el ruido visual para dejarte a solas con el recuerdo puro.
Traerlo de vuelta a Phusions es certificar que la simplicidad, cuando está cargada de intención, es la única tendencia que no pasa de moda. Stingone te recuerda que no hace falta saturar un lienzo para contar una historia completa. Quizás con una silueta, una paleta desaturada y un respeto absoluto por los iconos que nos formaron sea suficiente (si tenes la mirada creativa correcta).
Por eso, si hace un año escribí que Damiano reducía la cultura pop a su mínima expresión, hoy corrijo el titular. En realidad, lo que hace es elevar nuestra nostalgia a su máxima potencia artística. Casi nada…









Deja un comentario