Piensa en la última vez que viste un anuncio de los 60. Esos colores imposibles, esa tipografía gritando promesas de un futuro que nunca llegó… Ahora imagina que alguien tomara esa estética, la metiera en una licuadora junto con monitores CRT parpadeantes, ojos flotantes y el rosa más eléctrico que hayas visto jamás. El resultado no sería orden, sería caos. Caos controlado, eso sí. Y ese caos tiene nombre propio, se llama Roberlan Paresqui, aka This is Blasé, y su universo vectorial es un viaje psicodélico directo hacia un 1960 que solo existió en su cabeza.
Desde Vitoria, Brasil, una ciudad que él describe como soleada y cálida (casi tanto como sus creaciones), este ilustrador y director de arte trabaja en lo que él mismo ha bautizado como el Blasé Buro, un estudio repleto de juguetes, pósters y cachivaches (es que no sé cómo definirlos, ya) vintage. Porque Roberlan no solo crea mundos retro-futuristas, los vive. Su proceso creativo arranca en 1993 con Paintbrush (sí, tú también jugaste con él en la prehistoria, reconócelo), evoluciona por Photoshop y termina enamorándose del arte vectorial hasta volverlo su medio de expresión definitivo (podría ser nuestra historia, pero no tenemos su talento, aish). Cada composición es geometría pura, contornos gruesos y paletas de alto contraste construidas alrededor de verdes lima (su color favorito), rosas eléctricos y amarillos saturados que hacen daño a la retina. Pero duele tan bien…
Cuando la publicidad retro se casa con el cyberpunk
La cosa es que Paresqui no sólo domina la técnica vectorial con una precisión enfermiza. Entiende la gramática visual de épocas que nunca vivió y las retuerce hasta crear algo totalmente nuevo. Me flipa. Me flipa porque sus piezas parecen arrancadas de un universo paralelo donde los eslóganes corporativos conviven con la estética cyberpunk. Un ojo humano, por ejemplo, puede flotar al lado de un televisor vintage sin que nadie se inmute. Y ya estaría. Tan normal. Usa la estética de la publicidad del pasado imaginando el futuro, pero vista desde el presente. Un bucle temporal que solo tiene sentido cuando lo miras fijamente durante treinta segundos y te dejas hipnotizar.
Y, claro, la tipografía en su obra no un elemento decorativo porque sí, es estructura. Las letras gritan, se retuercen, se apilan unas sobre otras formando torres imposibles de mensajes surrealistas. Roberlan viene del mundo del marketing, y se nota. Cada pieza está pensada con la claridad de un diseñador que sabe exactamente dónde debe ir tu ojo, pero con la irreverencia de alguien que se niega a seguir las reglas. Porque su proceso, según él mismo reconoce, es puro caos. Empieza con un boceto vago en cualquier papel que tenga a mano, deja la idea reposar (a veces demasiado tiempo) y luego se lanza a Illustrator sin red de seguridad. Sin plan B. Solo él, sus formas geométricas y una playlist que nunca para. La música es su refugio. Y, de alguna forma, se nota en lo que construye.
La psicodelia como herramienta de resistencia (feliz)
Además, tú, yo y todos los demás, no estamos debatiendo constantemente entre lo aburrido y el drama existencial. Por eso, frente a esa sobriedad impuesta, el universo de This is Blasé funciona como un corte de mangas estético maravilloso. Roberlan tira de referentes que van desde la cultura popular brasileña hasta las locuras mediáticas de Salvador Dalí, pasando por la ciencia ficción más colorida. Sus ilustraciones son cápsulas de dopamina puras y duras. Te obligan a detener el maldito scroll porque, visualmente, son un escándalo. Pero lo que te dicen cuando prestas atención es sorprendentemente cálido.
Y es que Paresqui te demuestra es que la nostalgia visual no tiene por qué ser un simple ejercicio de copia y pega. Puedes coger la psicodelia de los sesenta, pasarla por el filtro del ciberpunk, trazarla en vectores impecables y usarla para alegrarle el jueves a alguien que está al otro lado de la pantalla. Un recordatorio rotundo de que el diseño también está aquí para hacernos sonreír.
Oh…






















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