El diseño automovilístico de los setenta nos dejó verdaderas locuras, pero pocas tan carismáticas (y extrañas) como el Volvo P1800ES. Ese shooting brake – ajá – sueco, con su morro alargado y un portón trasero que era, literalmente, una enorme luna de cristal, se ganó el estatus de icono de culto por pura excentricidad. No era el coche más rápido, ni el más agresivo, no, pero tenía ese no sé qué escandinavo que lo hacía magnético. Ahora, medio siglo después, el estudio holandés Autoforma ha decidido que ser simpático y magnético ya no es suficiente. Han cogido esa silueta sagrada, le han inyectado una sobredosis de esteroides y han creado el Norrsken. ¡Gas (muy a fondo)!
No te estoy hablando de la típica restauración de chapa, pintura y un ambientador de pino en el retrovisor. Nah. Esto es un rediseño radical que ensancha las caderas del vehículo, lo pega al asfalto y lo ancla directamente en las exigencias visuales (y viscerales) de 2026. Lo mejor es que Autoforma solo va a fabricar cinco de estas bestias al año, con un precio de salida que ronda los 300.000 euros. Han transformado un clásico familiar en un objeto de deseo absoluto para coleccionistas aburridos de los hiperdeportivos modernos. Pam.
La herejía perfecta: meter cinco cilindros bajo un capó clásico
El Norrsken no te impone una única visión, te da tres opciones para reescribir el mito. Puedes elegir una versión fiel al espíritu de la época, con una modernización sutil (que, bueno, es para los más aburridos, ya me entiendes), o irte al extremo opuesto. Y es en ese extremo donde la cosa se pone realmente seria (y divertida). La variante más radical arranca el educado motor de cuatro cilindros original sin miramientos para embutirle un bloque Volvo T5 turbo de cinco cilindros. Buah. Chasis rediseñado desde cero, frenos sobredimensionados y una transmisión que soporte semejante patada. Reconoces la silueta de los setenta al instante, pero el coche ahora respira con la agresividad de un misil tierra-tierra.
Visualmente, el ejercicio de equilibrismo que han hecho es brillante. Las vías son más anchas y los neumáticos llenan los pasos de rueda con una precisión milimétrica. Dependiendo de lo purista que te levantes esa mañana, puedes mantener los cromados originales o sustituirlos por detalles en fibra de carbono y líneas puras que rozan el minimalismo. El coche parece mucho más tenso, más musculoso, como si hubiera pasado los últimos cincuenta años levantando pesas en un búnker secreto en lugar de criar polvo en un granero.
Artesanía táctil para huir de la dictadura de las pantallas
Pero es que si el exterior es una declaración de intenciones agresiva, el interior es pura obsesión por el detalle analógico. Entrar en la cabina del Norrsken es alejarse del omnipresente plástico táctil y las pantallas planas de los eléctricos modernos. En esta maravilla abrazarás la artesanía más obsesiva. Instrumentación de agujas reales, tapicerías que combinan cuero de primerísimo nivel con lana escandinava, e inserciones de aluminio cepillado o madera noble. Es un paraíso físico. Incluso el maletero, ese que se exhibe impúdicamente a través de la icónica luna trasera, recibe rieles pulidos y correas de cuero a medida.
Total, que pedir 300.000 euros por un Volvo clásico podría parecer un despropósito en cualquier otro contexto, pero Autoforma juega en la liga de la alta costura automovilística. Al limitar la producción a cinco – enfermizas – unidades anuales, garantizan que cruzarte con uno en la calle sea más difícil que ver un unicornio. No estás comprando un medio de transporte; estás comprando exclusividad artesanal y una conversación infinita cada vez que pares a repostar.
Y es que este proyecto te recordará que la evolución de una leyenda no tiene por qué diluir su identidad. A veces, todo lo que necesitas es respetar las líneas originales, meterle un motor que asuste un poco y dejar que ese fabuloso portón de cristal te teletransporte cincuenta años en el tiempo. Aterrizando, eso sí, con una arrogancia maravillosa.
Así era el original:



Y, así, luce la bestia:










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