Que sí, que la industria audiovisual parece obsesionada con delegar su alma a inteligencias artificiales o renderizados tridimensionales hiperrealistas, Pero (por suerte), Damon Albarn y Jamie Hewlett han decidido pulsar el botón de reinicio. Gorillaz, la – fabulosa – banda virtual que prácticamente inventó las reglas del juego visual en la música moderna, vuelve a la trinchera analógica con The Mountain, The Moon Cave and The Sad God. Este nuevo cortometraje, creado en colaboración con el estudio londinense The Line Animation, es un corte de manga (pam) a la pereza digital. Hablamos de animación tradicional fotograma a fotograma, con fondos pintados a mano y una textura orgánica que rezuma el encanto imperfecto de los clásicos de la era pre-píxel. Un despliegue técnico que sirve como aperitivo para su próximo álbum, The Mountain, y que te (nos) recuerda por qué llevamos más de dos décadas fascinados por estos cuatro inadaptados de tinta.
Y, ojo, porque esta pieza no es un simple videoclip glorificado, sino una inmersión visceral en la densa mitología del grupo. Bebiendo descaradamente de la estética exuberante y asfixiante de El Libro de la Selva, la historia empuja Murdoc, Noodle y Russel a una expedición que se tuerce rápidamente. Subieron a la cima buscando algo, pero acabaron descubriendo que ellos eran la presa (ay las metáforas). Esa atmósfera de misterio febril se amplifica gracias a la técnica tradicional del celuloide, donde cada trazo parece palpitar al ritmo de los tres temas del nuevo disco que dan título a la obra. Es un thriller de supervivencia donde el sonido y la imagen no se acompañan, sino que colisionan para construir una jungla opresiva lista para tragarse a los protagonistas sin masticar.
En el fondo, este lanzamiento huele a revancha poética. No es ningún secreto que Gorillaz llevaba años coqueteando con la idea de un largometraje, un proyecto que llegó a estar sobre la mesa de Netflix hasta que la plataforma decidió cancelarlo sin contemplaciones en 2023. Lejos de lamerse las heridas, Hewlett y Albarn han cogido esa ambición cinematográfica frustrada y la han destilado en un corto que recupera el control absoluto sobre su narrativa. Al devolver a la banda al territorio híbrido donde la ficción y la realidad se difuminan, demuestran que la animación artesanal sigue siendo el corazón palpitante de su identidad.
Y es que cuando los despachos corporativos te cierran una puerta, lo más rebelde que puedes hacer es dibujar tu propia montaña, escalarla a mano y plantar tu bandera en la cima… sí.







Deja un comentario