Llevamos décadas (quizás desde siempre) entrenando a los mejores ilustradores del mundo para diseñar dragones invencibles y batallas intergalácticas. Pero luego hay mentes creativas como la del ilustrador español Ramón Nuñez, que nos demuestran que el verdadero talento consiste en saber dibujar la mirada vacía de alguien que viaja en el vagón de un tren de cercanías. Tras pasar diez años trabajando en el aspecto visual de superproducciones para gigantes como Sony Pictures Animation, Riot Games o Dreamworks, ahora prefiere fijarse en la gente normal. Su libro debut Life in Every Sketch captura la esencia de la vida normal. Esa que transitamos tú y yo. Simple. Precioso.
El impacto de su trabajo nace de una fricción técnica maravillosa. Nuñez aplica la misma línea limpia, las poses extremadamente expresivas y la iluminación cálida que exigen los videojuegos de altísimo presupuesto para iluminar un instante vulgar. Sus ilustraciones demuestran que no necesitas equipar a un personaje con una armadura resplandeciente para que la escena resulte cautivadora. El carisma real se esconde en los giros visuales absurdos que rompen la cotidianidad. Las ilustraciones de Ramón Nuñez te recordarán que la personalidad de un individuo se define mucho mejor por la forma exacta en la que sujeta su taza de café que por sus gestas heroicas.
Este giro hacia el costumbrismo ilustrado conecta de lleno con nuestro propio agotamiento digital. Estamos tan saturados de mundos imposibles y efectos especiales que la épica constante (a veces) nos resulta completamente indiferente. Su obra funciona como un refugio estético porque entiende que la verdadera vanguardia contemporánea consiste en recuperar la intimidad. El mayor logro narrativo al que puede aspirar un creador hoy en día no es convencerte de que la magia existe, sino lograr que no puedas apartar los ojos de un simple dibujo que refleja exactamente lo mismo que haces tú cada mañana al despertar.
Casi nada, ¿verdad?











































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