Espera. Antes de que empiece, recuerda que esto lo bailamos. Mucho.
Y, quizás, ha llegado el momento de volver a hacerlo porque aunque cuando Jonathan Glazer rodó «Virtual Insanity» para Jamiroquai, en 1996, la industria ya se estaba enamorando del CGI, nosotros sólo vimos magia en movimiento. Ritmo. Creatividad. Autenticidad… ¿Lo recuerdas? Sí, Glazer podría haber generado digitalmente esa habitación que se mueve bajo los pies de Jay Kay. Pero, en su lugar, eligió construir un suelo físico basculante y coreografiar cada paso con precisión matemática. Esa decisión convirtió el vídeo en uno de los más estudiados de la historia de la música, no por lo que mostraba, sino por cómo lo había conseguido sin trucos digitales. Treinta años después, Beefeater ha recreado (para tu deleite, y el mío) ese mismo vídeo para lanzar su ginebra sin alcohol, y ha tomado exactamente la misma decisión que Glazer tomó en su día. Nueve sets físicos construidos desde cero. Suelos móviles reales. Cero CGI, cero inteligencia artificial. En 2026, con herramientas capaces de generar cualquier ilusión imposible en cuestión de minutos, elegir el camino largo es casi un acto de provocación.
Y eso, me flipa.
La pieza (fabulosa, la mires por donde la mires), ha sido dirigida por Julien & Quentin y producida por Magna Studios junto a la agencia Lucky Generals, y responde a una pregunta que los fans llevamos tres décadas haciéndonos sin saberlo del todo, ¿hacia qué extendía Jay Kay la mano en aquel gesto de deslizarse hacia la cámara que todo el mundo ha imitado alguna vez en una fiesta? (¿verdad?). La respuesta, treinta años después, es una botella de Beefeater 0,0. Ya, bueno, poderoso caballero, dirás. Y sí. Pero el storytelling funciona de maravilla, aquí. Porque el anuncio no se conforma con recrear la escena icónica. La expande, abriendo puertas a nuevas habitaciones, nuevas aventuras y, por supuesto, más sombreros, dentro de la plataforma «Get More With 0,0» que posiciona la bebida sin alcohol como aliada para vivir más, no menos.
La coherencia como estrategia, no como casualidad
Lo interesante de esta campaña no es solo la fidelidad estética al original, sino la fidelidad filosófica. Glazer usó efectos prácticos porque en 1996 eso era exactamente lo que hacía que un vídeo pareciera imposible, lo tangible resultaba más extraño que lo digital. Hoy la ecuación se ha invertido por completo. Ahora lo digital es lo esperable y lo físico es lo que sorprende. Que Beefeater haya entendido esa inversión y haya decidido jugar la misma carta que Glazer, pero en el terreno contrario, demuestra un nivel de lectura cultural que va mucho más allá de simplemente pedirle permiso a la banda para usar su canción.
Hay también algo genuinamente interesante en la elección de Jay Kay como rostro de una campaña sobre moderación. El cantante ha reconocido públicamente sus propios excesos con el alcohol y las drogas durante los años noventa, la misma década en la que rodó el vídeo original. Que sea precisamente él quien protagoniza ahora la reivindicación de una vida urbana intensa sin necesidad de excesos no es casualidad de casting. Es la clase de coherencia narrativa que convierte una colaboración comercial en algo que se siente genuinamente construido, no simplemente comprado.
Lo que un homenaje bien hecho puede enseñar sobre el momento actual
Beefeater no es nuevo en esto de convertir un gesto publicitario en un acontecimiento cultural, la marca ya transformó el London Eye en un pub en su día. Lucky Generals, por su parte, tiene experiencia reciente recreando plano a plano el anuncio más famoso de The Guardian cuarenta años después de su estreno. Hay una tendencia clara en cómo ciertas agencias están tratando el archivo publicitario y musical no como nostalgia (barata), sino como material de construcción serio, algo que se homenajea con el mismo rigor con el que se homenajearía una obra de arte.
Y quizás ahí está lo que más vale la pena quedarse pensando después de ver este anuncio, si es que lo queremos reducir a eso (yo, no). En un momento en el que cualquier marca podría resolver una campaña como esta generando la habitación imposible con un par de prompts bien afinados, Beefeater ha elegido construir nueve sets reales, coreografiar cámaras físicas y hacer que Jay Kay se deslizara de verdad sobre un suelo que (otra vez) se movía. La ironía no podría ser más precisa. Un anuncio sobre moderación construido con la disciplina de quien decide no tomar el atajo más fácil que la tecnología le ofrecía.
¿Bailas?
Supongo que no hace falta (hablamos de Jamiroquai, please) que te recuerde el videoclip original, pero (por si acaso9 ahí va (que siempre hay algo que celebrar, cuando suena Jay Kay).

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