Antes de 1981 los videojuegos no contaban nada. Pong era una pelota rebotando. Space Invaders era una hilera de puntos bajando hacia ti. No había personajes, no había motivos, no había nadie a quien salvar. Y entonces Shigeru Miyamoto (haz una genuflexión, aquí), un diseñador japonés que en aquel momento ni se imaginaba que acabaría convirtiéndose en una leyenda, se sentó a crear un videojuego con un argumento sencillo, un gorila furioso, un fontanero con gorra rojo llamado Jumpman y una chica atrapada en lo alto de una estructura de vigas. Esa colección de píxeles, torpe y encantadora a partes iguales, fue el primer relato que existió jamás dentro de un videojuego. La misma que LEGO acaba de reconstruir, pieza a pieza (son 1.367 ladrillos), un año antes de que se cumplan cuarenta y cinco desde que aquella máquina llegó a los salones recreativos de todo el mundo. Casi nada…
Lo mejor de todo es que el set, disponible desde el 1 de agosto, no se conforma con parecerse a la carcasa original. Reproduce su mecanismo interior, con una palanca que activa un bucle de veintiún barriles rodando por la estructura, un joystick que mueve a Jumpman de verdad y un botón para hacerlo saltar exactamente como en la pantalla pixelada de 1981. No es una réplica decorativa. Es una máquina que funciona. Lego sigue llevando su experiencia más allá (y me encanta).
El detalle que convierte un juguete en un documento histórico
Porque la fidelidad de este set roza la obsesión. Las vigas inclinadas, las escaleras, el martillo que potenciaba a Jumpman durante unos segundos, y los tres personajes originales, Todo está aquí, Jumpman con su atuendo de 1981, Lady esperando arriba y Donkey Kong lanzando barriles desde la cima. Nada ha sido simplificado ni modernizado. LEGO ha decidido conservar cada detalle tal y como Miyamoto lo diseñó bajo la supervisión de Gunpei Yokoi, el mismo hombre que después inventaría la Game Boy, en un momento en el que nadie en Nintendo sabía todavía que estaban construyendo algo que cambiaría la industria para siempre.
Hay una decisión de ingeniería especialmente interesante detrás de todo esto. LEGO ya había recreado una recreativa completa antes, la Pac-Man Arcade de 2023, con casi el doble de piezas. Aquí, en cambio, el set se centra únicamente en la pantalla y los controles, sin el mueble completo inclinado hacia atrás como en una máquina real. La razón es mecánica, para que los barriles rueden correctamente por el nivel, la estructura necesitaba mantenerse vertical. Un pequeño sacrificio estético al servicio de que el juguete, de verdad, juegue. Bueno, el juguete no. Tú. Porque jugarás. Y lo sabes…
Una mirada nostálgica que llega en el momento exacto
El lanzamiento no podría estar mejor calculado. Este año, Donkey Kong Bananza ha reactivado con fuerza el interés por el gorila de Nintendo, y LEGO se sube a esa ola con algo que ningún videojuego nuevo puede ofrecer, la posibilidad de sostener entre las manos el origen físico de todo. Con sus 39 centímetros de altura y sus ladrillos transparentes que dejan ver los engranajes internos moviendo los barriles, el set está pensado como pieza de exposición (ideal para ese ricón friki que los dos tenemos en casa), como parte de la gama para adultos de LEGO que ya había colaborado antes con Nintendo en la NES y en el televisor de tubo catódico.
Y para reforzar la sensación de exclusividad y el interés por todo lo alto, LEGO ha limitado los pedidos a tres unidades por hogar. Pero esto no va de marketing o de nostalgia, lo que este set representa es otra cosa. Vende el instante exacto en el que alguien decidió que un videojuego también podía tener un principio, un nudo y un desenlace. Cuarenta y cinco años después, ese instante cabe en una caja de 1.367 piezas, y todavía funciona.
Vaya si funciona…








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