Klimt, LEGO y cuatro mil maneras de construir un beso…

Nadie sabe con certeza quiénes son las dos personas que se besan en el cuadro más famoso de Gustav Klimt. La teoría más aceptada (deja que me ponga en modo google) dice que el hombre es el propio pintor y la mujer es Emilie Flöge, su compañera durante toda la vida (aunque él nunca dejó de tener aventuras con otras modelos). Dicen. La cosa es que Klimt pintó esa escena entre 1907 y 1908, cubriéndola de oro real inspirado en los mosaicos bizantinos que había visto en Ravenna, y el gobierno austríaco la compró antes incluso de que terminara la exposición donde se mostró por primera vez. Ahora LEGO ha decidido reconstruir ese misterio dorado con 4.000 piezas, espirales, ladrillos metalizados y texturas que imitan el pan de oro, en el set más grande que ha lanzado nunca dentro de su colección de arte. Casi nada.

Y lo grande no exime de la atención al detalle. Al contrario. El set funciona mejor en lo que rodea a la pareja que en la pareja misma. Los patrones geométricos de la túnica de él y los orgánicos de la de ella, ese contraste que Klimt usó a propósito para separar lo masculino de lo femenino dentro del mismo abrazo dorado, se recrean con una fidelidad sorprendente en plástico. Aunque, en el extremo contrario, los rasgos faciales, como suele pasar en esta gama, se quedan más simplificados de lo que a te gustaría. Pero se puede vivir con ese detalle porque el resto de la composición sostiene perfectamente el peso de una de las imágenes más reproducidas de la historia del arte.

Lo que más me gusta de esta colaboración con el Museo Belvedere, donde el original sigue colgado desde 1908, es la idea de que puedas colgar tu propia versión en la pared, quitando un ladrillo para marcar el punto exacto donde clavar el gancho, como si estuvieras montando tu propia mini exposición en casa. Más todavía. Quizás te atrevas a hacerlo único. Cambiando el lugar de una textura. Colocando un brick diferente, uno de esos que tienes en una caja en casa, para que tu reproducción sea única. Especial.

Porque, más allá de reconstruir (pieza a pieza) un beso que nadie sabe realmente a quién pertenece, el guiño es que esta vez tú juegues a desafiar al artista que llevas dentro.


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