Hubo una época (para ti, para mí, y para muchos más) en la que cruzar las puertas de Foot Locker para buscar zapatillas tenía la misma liturgia que comprar un vinilo de importación. Te recibía alguien con camiseta de árbitro, el aire olía a goma vulcanizada y una caja crujía sobre el mostrador antes de que las suelas tocaran el asfalto por primera vez. La cadena neoyorquina cumple medio siglo de vida en un momento especialmente delicado, justo después de que DICK’S Sporting Goods cerrara su compra millonaria para incorporarla a su catálogo corporativo. En ese cruce de caminos en el que muchos temían (temíamos) una dilución de su esencia, la campaña It Always Will Be Foot Locker funciona como un mensaje tranquilizador escrito directamente con unas zapatillas puestas. Con la dirección afilada de Kim Gehrig y la voz arrastrada de Method Man marcando el compás, la marca no rinde cuentas ante los nuevos propietarios, le habla a su comunidad para recordar que la credibilidad urbana no se transfiere con una firma en un balance.
Por eso, el metraje esquiva la frialdad de las presentaciones corporativas para centrarse en la vida real de las suelas. Por la pantalla desfilan las Air Jordan 1, las Stan Smith impolutas, las Converse Weapon o las clásicas New Balance grises, tratadas no como activos financieros de balance sino como herramientas para gastar el asfalto. La cámara de Gehrig se mueve con un ritmo coreográfico impecable entre canchas callejeras, recortes de la cultura pop y canchas de baloncesto, utilizando el uniforme a rayas blancas y negras como el hilo conductor de una devoción que sobrevive a los cambios de manos empresariales, a los vaivenes del retail y a la especulación de las aplicaciones de reventa (ay).
Porque, no te engañes, la cosa corporativa a veces cuesta de comprender, casi tanto como la frialdad de las subastas digitales, pero este recordatorio visual devuelve la cultura sneaker a su hábitat natural: el suelo y la calle. El mensaje de fondo es rotundo y no le pide permiso a nadie. Sí, las corporaciones compran negocios, pero el templo físico donde varias generaciones aprendieron a estrenar calzado sigue respondiendo ante la misma comunidad de siempre.
Es una píldora visual que refuerza algo que tú y yo sabemos. Algunas pasiones son imposibles de absorber desde un despacho.

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