De adorno en el empeine a pasearse por los pasillos con un café en la mano…

Llevaba casi veinticinco años callado, reducido a una pequeña silueta circular grabada sobre el remache de plástico que sujeta la tira trasera de cada zueco. Hasta que, en un giro que encaja a la perfección con una marca que convirtió la comodidad sin complejos en un fenómeno global, el cocodrilo Niles de Crocs ha decidido romper (literalmente, ojo) el cascarón para convertirse en un personaje de espuma, zuecos gigantes y metro ochenta de estatura. Tras semanas alimentando la intriga con un huevo misterioso en directos de internet y una cuenta atrás de un día entero, el icono que vio nacer la era del calzado perforado debuta paseándose en chanclas por los pasillos de la propia compañía.

Esta idea esquiva con bastante soltura la solemnidad (tradicional) de las mascotas corporativas de toda la vida para abrazar el humor cotidiano que triunfa en las pantallas actuales. Busca más el guiño, la simpatía, que la construcción de marca. Por espo, lejos de funcionar como un muñeco estático pensado únicamente para posar en anuncios o eventos, Niles llega con el formato de una comedia de oficina grabada entre empleados reales, cargado de pequeñas manías, torpezas y la firme intención de pedir un aumento de sueldo tras un cuarto de siglo haciendo de simple adorno. Siguiendo la estela desenfadada que ya exploraron otros iconos digitales recientes (como el exitoso CAT, del Fútbol Club Barcelona), la idea demuestra que el público joven conecta mucho mejor con una figura imperfecta y divertida que con una campaña publicitaria tradicional.

A las puertas de su veinticinco aniversario, este (muy interesante) ejercicio de creatividad confirma el talento de la firma para sacarle partido a su propia identidad sin tomarse demasiado en serio. Aquel diseño nacido en 2002 para no resbalar en las cubiertas de los barcos, repudiado al principio por los guardianes del buen gusto y adoptado después por la cultura urbana y la alta costura, traslada ahora su universo a la narrativa pura. Porque ver a un reptil gigante en chanclas intentando encajar en la rutina laboral de una oficina es un soplo de aire fresco que recuerda que la autoironía sigue siendo una de las herramientas más eficaces de la creatividad contemporánea.

Aunque debe hacer calor dentro de ese disfraz…


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