Tirar un mendrugo de pan duro al agua parece el gesto más inocente de un paseo de domingo. Suele haber un cartel de madera que lo prohíbe expresamente junto a la orilla, pero casi todo el mundo prefiere ignorarlo para ver cómo un grupo de aves se abalanza sobre los restos. El animador británico AJ Jeffries ha decidido apropiarse de esa pequeña desobediencia cotidiana y llevarla al terreno del disparate absoluto en el cortometraje de animación DUCKS. Lo que arranca como una escena bucólica bajo los árboles del parque tarda muy pocos segundos en descarrilar hacia una comedia negra desternillante, repleta de cuerpos deformes, miradas homicidas y villanos con plumas que se cobran su venganza sin contemplaciones.
La pieza se apoya en una textura gomosa y elástica que bebe directamente de la herencia del dibujo animado clásico, adaptada a un 3D vibrante y lleno de ritmo. Lejos de soltar un sermón ecologista o ponerse solemne sobre la dieta de la fauna urbana, Jeffries apuesta por la pura diversión gamberra con transformaciones anatómicas imposibles, ojos desorbitados y una escalada de caos que coquetea con el cine de terror de serie B sin perder jamás la sonrisa burlona. Cada segundo de metraje está medido al milímetro para que el absurdo visual fluya con naturalidad, convirtiendo una simple advertencia municipal en un auténtico festival de humor físico.
En estas tardes perezosas, toparse con una píldora animada tan gamberra y desacomplejada resulta una invitación a evadirse. No pretende educar a nadie ni dar discursos sobre civismo, solo busca dinamitar una estampa familiar hasta transformarla en un delirio en el que los patos mandan sobre los humanos. La próxima vez que veas a alguien acercarse a la orilla de un estanque con una bolsa de migas en la mano, te resultará bastante complicado no recordar las criaturas de Jeffries esperando pacientemente bajo el agua para cobrarse la factura.
Lo que hagas después es cosa tuya…






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