Los aeropuertos viven obsesionados con la hora. La de embarque, la del cierre de puerta, la del café que quizá ya no te da tiempo a pedir. Así que tiene bastante gracia que Maarten Baas haya decidido complicar algo tan sencillo como mirar el reloj. En la terminal 1 de Schiphol (el aeropuerto de Amsterdam), The People’s Clock sustituye las agujas por alrededor de mil personas que se mueven juntas durante una película de doce horas. Los minutos son gente. Las horas también. Y el segundero es una persona vestida de naranja corriendo una vuelta completa cada sesenta segundos. Bueno, una o más (espero).
Además, la mayoría de los participantes trabajan precisamente en ese aeropuerto, personal de limpieza, seguridad, tripulaciones, oficinas, operaciones en tierra. Fueron filmados desde arriba dentro de un enorme hangar, desplazándose poco a poco para formar las agujas mientras la cámara convertía aquella coreografía bastante improbable en un reloj perfectamente funcional. El resultado vive ahora en un cubo de 2,5 metros con cuatro pantallas. Y en el fondo, le da vida a un relato casi metafórico. Un aeropuerto ya funciona gracias a miles de personas moviéndose con precisión casi invisible. Baas simplemente les ha dado la esfera.
El artista lleva jugando con esta idea desde que presentó Real Time en 2009. En 2016 ya instaló en otra zona de Schiphol aquel reloj fabuloso que le mostraba a él mismo dándole forma (en tiempo real) a las 12 horas. Pintando y borrando las agujas minuto a minuto. Diez años después, el trabajador solitario se ha convertido en multitud. Más grande, más caótico y, curiosamente, igual de fácil de entender. En un lugar donde te pasas media vida preguntando qué hora es, Baas consigue que durante unos segundos mires algo bastante más interesante.
Observas el reloj. Y terminas viendo el aeropuerto entero.





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