The Buggles tenían razón sobre la radio y ahora los algoritmos cantan para no perder el empleo…

Va, voy a romper una lanza por la IA, que llevamos una semana mirándola de reojo y con toda la desconfianza del mundo. Don’t Kill the AI Stars, de AI-R Studio y Pico Love, tampoco pretende convencerte con una conferencia sobre innovación (por suerte), la película empieza en una jungla donde un tucán y un gorila generado por IA están tranquilamente haciendo su trabajo hasta que alguien grita “corten”. El cliente ya no quiere inteligencia artificial. Fuera el gorila sintético y, con él, arranca un auténtico descontrol creativo sustentado por una versión adaptada del Video Killed the Radio Star, de The Buggles.. El viaje te llevará desde el sacrificio de un pez descubre que su futuro profesional puede acabar en un restaurante de sushi, hasta la batalla interrumpido de unos mechas que no saben si todavía siguen contratados. Todo bastante absurdo, sí, aunque quizá no mucho más que algunas de las conversaciones que mantenemos últimamente sobre si una imagen merece existir dependiendo de qué herramienta haya ayudado a construirla. Ya está. Ya lo he dicho…

Lo mejor es descubrir qué ocurrió detrás. La pieza acaba de ganar el primer Adathon organizado por Higgsfield junto a ADWEEK, una competición que invitaba precisamente a saltarse buena parte del ritual previo de la publicidad y llegar antes a la ejecución. Cuatro semanas para pensar y producir un anuncio con IA en el centro del proceso. Cuatro semanas en las que, el equipo de AI-R Studio, se dejó más tiempo encontrando la idea correcta que produciéndola (en eso tardaron sólo 7 días). Tiene cierta gracia, porque cuanto más hablamos de una tecnología capaz de producir imágenes en segundos, más evidente resulta que los segundos no solucionan la parte difícil. AI-R Studio llama prompt artists a quienes trabajan combinando criterio creativo con herramientas generativas, y su propia plataforma insiste en procesos controlados y dirección humana. Puedes acelerar muchísimo la fabricación de una imagen, pero saber para qué demonios quieres fabricarla sigue requiriendo algo más incómodo que pulsar Enter.

Por eso la defensa de la IA que propone Don’t Kill the AI Stars me interesa más de lo que esperaba. No porque absuelva a la tecnología de los problemas que llevamos días discutiendo, ni porque todo resultado generado merezca automáticamente una ovación. La campaña se permite algo más útil, separar durante un momento la herramienta de la pereza con la que a veces se utiliza. Pico Love resume su postura diciendo que una buena historia, acompañada por oficio y una intención clara, no debería descartarse únicamente por haber utilizado IA. El jurado del Adathon terminó premiando precisamente la idea, el craft y la capacidad de contar una historia, no la cantidad de prompts lanzados por minuto. Quizá ahí esté una conversación bastante más fértil que decidir si estamos a favor o en contra de una tecnología entera, porque la IA todavía cometerá muchas barbaridades (y nosotros también, ojo), pero si vamos a matar a sus estrellas, al menos que sea después de ver la película.

The end… o no.


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