Una flor que canta puede tener una cara pegada en medio o encontrar su expresión en la forma de sus pétalos. La diferencia parece pequeña hasta que te detienes a pensar en ella. En un caso reconoces el recurso; en el otro, empiezas a creer que una planta podría mirarte y tener algo que decir. Daria Sherstobitova insistió en esa segunda posibilidad durante la creación de AL!CE, el cortometraje que ha escrito y desarrollado con el director Miguel Ivanov en Mimagie. Quería que las flores conservaran su naturaleza incluso al ponerse a cantar. Me gusta empezar por ahí, por una decisión que apenas ocupa unos segundos de película y que cuenta bastante sobre la mirada que hay detrás de una imagen generada.
Su Alicia vive en Brooklyn y quiere terminar una película, aunque se ha quedado sin créditos para seguir trabajando con IA (¿te suena?). La búsqueda de financiación la lleva tras un conejo inversor, mientras su aventura se enreda con el Oxford de 1862 y el origen del cuento de Carroll. Es un disparate, sí, pero tiene bastante de vida cotidiana y, también, algo de memoria personal. Ivanov construyó ese Brooklyn a partir del Nueva York que conoció a finales de los noventa, con los colchones bajo los pasos elevados y una riqueza visual que sigue recordando casi treinta años después. Daria llegó desde otra relación con la historia, la de alguien que había crecido con sus palabras. De ese encuentro sale una fantasía donde las ilustraciones de Tenniel se permiten vestir de moda contemporánea y una vieja disputa por un sonajero acaba convertida en una batalla de rap que da dinero. Casi puedes imaginar a Carroll preguntando cuánto se cobra por semejante sinsentido.
El proceso que han publicado permite quedarse un rato entre esas decisiones. Ivanov cuenta que el padre de Alicia empezó siendo demasiado desagradable y fue cambiando porque quería un cuento más bondadoso. Después buscó una pausa antes de su respuesta, ese segundo en el que todavía podría ceder ante su hija. Son elecciones que afectan a cómo te sientes dentro de una historia, y ahí encuentro una defensa bastante convincente de la creatividad humana ampliada con IA. Las herramientas les permiten construir este mundo porque el carácter de la película va tomando forma en lo que ambos discuten y deciden conservar. Incluso en un padre al que conceden tiempo para dudar. Después de tantas conversaciones (recientes, especialment) sobre el impacto de la IA en nuestra creatividad (y más allá), resulta hasta bonito que alguien se empeñe en hacerte dudar sobre qué pesa más en el resultado final, el ser humano o la máquina.
Buen viaje al centro de la madriguera…

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