Fotografiamos con cierta confianza en el futuro. Me explico, creo que nos hemos acostumbrado a guardar imágenes dando por hecho que podremos volver a ellas, reconocer lo que aparece y entretenernos en algo que se nos escapó entonces. Owen Mar empezó a hacer fotos desde una duda bastante más incómoda, la de no saber si conservaría la vista para regresar a las suyas. Había comenzado a percibir destellos extraños una semana antes de un viaje de rafting a Idaho, y la cita con el especialista en retina tendría que esperar a su vuelta. Su madre había perdido la visión del ojo izquierdo cuando él era un niño, así que aquella incertidumbre tenía un recuerdo al que agarrarse. Compró seis carretes y cargó la cámara. Aún podía mirar, y quería guardar cuanto pudiera.
Photopsia nace durante esa espera y reúne fotografías tomadas entre la costa este estadounidense e Idaho. El título de esta serie se refire (nada es casual) al término que describe la percepción de destellos sin una fuente de luz externa, una interferencia especialmente inquietante para alguien que trabaja con imágenes. Pero el proyecto mantiene su atención en la vida que continúa alrededor. Mar fotografía para conservar la textura del mundo en el que vive, una elección de palabra (textura) que acerca su fotografía a algo casi táctil. Los reflejos conviven con gestos compartidos, con aquello que forma parte de tus días sin necesidad de convertirse en un acontecimiento. Saber por qué empezó a fotografiarlo cambia el peso de ese material cotidiano. Lo que parecía que siempre estaría disponible adquiere, de pronto, suficiente importancia como para gastar una foto en ello.
Esos seis carretes introducen además un límite curioso en su deseo de guardarlo todo. Cada disparo consume una parte de lo que queda, aunque delante de la cámara la vida siga ofreciendo motivos, creando una tensión que permite leer la serie como una negociación entre la urgencia y la atención, con el miedo influyendo en qué merece quedarse dentro del encuadre. El caso es que Mar sigue pudiendo ver, y ese alivio también pertenece a la historia. Las fotografías conservan la incertidumbre de aquellos días, pero ahora pueden encontrarse de nuevo con la mirada que las hizo. Quizás ahí esté lo más íntimo de Photopsia, en haber preparado unas imágenes para un futuro que daba miedo y poder volver a ellas desde otro lugar.
Ahora él te invita a que seas tú quién las mire…















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