La ropa parece adecuada para salir a pasear, aunque el paisaje obligaría a revisar bastante el recorrido. En los collages digitales de Roee Idah, las personas sacadas de fotografías antiguas aparecen bajo planetas descomunales, vestidas para una vida que debía de transcurrir bastante más cerca. Ese pequeño desajuste (por decirlo así) resulta más sugerente que cualquier traje espacial, conserva la familiaridad de una foto encontrada, de esas en las que alguien podría señalar una figura y empezar a contarte quién era, mientras el cielo hace imposible averiguar dónde está. Idah (aka Roeizm) les concede un destino que la fotografía de origen no podía prever y lo hace sin borrar del todo su procedencia, dejando que la extrañeza llegue después de esa primera sensación de conocerlas de algún sitio.
De hecho, los planetas ocupan tanto cielo que cuesta no mirarlos primero, pero son los personajes quienes consiguen que la imagen dure algo más que el impacto inicial. Su escala convierte la enormidad en una vista que alguien tiene delante, y entonces apetece quedarse a su lado, averiguar qué estarán mirando exactamente y compartir ese momento juntos. El montaje integra los fragmentos hasta darles la apariencia de un mismo lugar, de modo que la ropa antigua no queda como una pegatina nostálgica sobre un fondo espectacular. Aun así, la mezcla conserva una diferencia que le sienta bien, las figuras parecen pertenecer a un mundo que ya conoces por sus fotografías, aunque alrededor de ellas se extiende otro del que no tienes ninguna referencia. Casi podrías estar viendo el álbum de un viaje familiar si la familia hubiera tomado un desvío bastante serio.
Y lo mejor de ese desvío es que el pasado deja de parecer un lugar al que solo se puede volver. Idah lo utiliza para salir hacia otra parte, permitiendo que quienes habían quedado fijados en una fotografía tengan algo por descubrir. La nostalgia pierde así un poco de su resignación, esa certeza de que todo lo que ves ya ha sucedido y apenas queda recordarlo. En sus collages todavía apetece preguntarse qué vendrá después, cuánto durará la excursión o si alguien habrá pensado en el regreso. Y sé que a ti, como a mí, te gusta que una imagen antigua pueda despertar esa impaciencia por lo que falta. Las mejores historias empiezan así…

























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