Un coche podía llevarte al futuro con solo despegar del suelo, ¿lo recuerdas? La ciencia ficción de los ochenta dejó esa imagen tan bien instalada que todavía cuesta mirar unas ruedas suspendidas en el aire sin acordarse de un DeLorean o de KITT. Y, de repente, casi de la nada, en un ejercicio de PR impresionante para evitar filtraciones, Tesla acaba de desbloquear exactamente esa memoria con su nuevo Roadster, presentado en las instalaciones de SpaceX en Texas. Y lo hizo con una demostración en un semi loop por el que el coche llegó a circular boca abajo, antes de separarse de él y regresar al suelo con ayuda de propulsores (dejándonos a todos sin palabras). No conforme con semejante espectáculo, le añadieron una pirueta sobre otros vehículos de la marca, como si alguien hubiera decidido probar a tamaño real lo que tú hacías con tus coches de juguete. Musk cerró la maniobra principal con un «Well, it worked«, que tiene bastante de espectáculo ensayado, pero admite esa pequeña incertidumbre que vuelve emocionante una demostración. Ahora sólo te queda esperar dos años a poder conducir el futuro. Y quizás saltar obstáculos como lo hacía Michael Knight a los mandos de su coche fantástico. Si hasta se transforma en función del modo de conducción… (¿te suena de algo?).
Y si esas habilidades son fantásticas, no menos lo es el aspecto del Roadster, porque es justo reconocer que su diseño (absolutamente cautivador) no desmerece el show. Al contrario. Los faros ocultos y el acristalamiento que evoca el visor de un astronauta le dan aspecto de vehículo que podrías encontrar aparcado junto a una nave, aunque lo tengas que matricular. Tesla cita referencias aeronáuticas como el SR-71 y el F-35, vale, pero a ti y a mí, el conjunto nos devuelve a aquellas historias de nuestra infancia en las que conducir y pilotar parecían actividades destinadas a confundirse. El Tesla Diner de Hollywood ya había construido un lugar para habitar ese mañana de película, ahora le han dado forma al coche con el que tendría sentido llegar allí. Lo mejor es lo que lo hace posible. Porque bajo todas esas capas de fantasía hay un sistema de succión para mantenerlo adherido a la superficie y propulsores desarrollados con tecnología de SpaceX (claro) para las maniobras aéreas. Lo mostrado son saltos y giros controlados, todavía muy lejos de poder elegir una ruta por el cielo para volver a casa. Pero la imagen ya ha hecho ese trayecto por su cuenta.
Y ahí Tesla recupera algo que una cifra de aceleración difícilmente consigue por sí sola. Puedes olvidar cuántas décimas promete recortarle a cualquier otro deportivo arrancando en parado, pero un coche dando una (perfecta y elegante) voltereta en el aire se queda dando vueltas en tu cabeza. El Roadster funciona como una demostración de hasta dónde quiere llegar la marca, incluso para quien jamás podrá conducirlo (espero no ser uno de ellos), y mezcla su ingeniería con el imaginario espacial de Musk hasta hacerlos casi inseparables. Eso merece disfrutarse con el calendario a la vista, la primera vez que oímos hablar de esta segunda generación fue en 2017 y la producción se anuncia ahora para 2028. Además, las funciones más extremas dependen de configuraciones específicas y su disponibilidad está condicionada por la normativa (ay, Europa…) Quedan bastantes sueños por soñar entre esa noche en Texas y unas llaves en la mano. Aun así, me gusta que el coche del futuro vuelva a parecer un pequeño disparate que apetece ver funcionar. Y conducir. Porque incluso el interior tiene detalles que (otra vez, sí) te harán pensar en nuestro añorado Knight Rider. ¿Le pedirás que te venga a buscar?
Definitivamente, el Roadster se ha convertido en la nueva definición de objeto de deseo…

























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