El sonido que avisa de que se cierran las puertas suele dejar poco espacio para la contemplación. Lo reconoces y sabes si estás dentro o si acabas de perder el tren, que son dos maneras bastante distintas de escucharlo (vaya). En Montreal, ese aviso tiene una familiaridad especial, un «dou-dou-dou» que forma parte de la ciudad y que el pasado 29 de septiembre se permitió continuar mucho más allá de lo previsto. En la estación Place-des-Arts sonó una composición interpretada por ochenta músicos de la Orquesta Sinfónica de Montreal, dirigidos por Rafael Payare, que amplió aquellas tres notas hasta darles una dimensión absolutamente diferente (y fascinante). La grabación se difundía cada vez que se cerraban las puertas. El tren seguía con su horario, pero su despedida se había venido bastante arriba.
Lo curioso es que esas notas ni siquiera nacieron con la intención de ser música. Procedían del dispositivo que regulaba la corriente de los motores de los trenes MR-73 al arrancar, un sonido mecánico que terminó siendo tan reconocible que la empresa de transportes lo recuperó como aviso de cierre de puertas. Por eso, antes de llegar a la partitura ya había hecho un recorrido considerable, de consecuencia de la ingeniería a recuerdo compartido. Rethink y la OSM aprovecharon el sesenta aniversario del metro para darle una continuación dentro de La démesure, la propuesta con la que presentan la intensidad de la música sinfónica. Ochenta músicos se pusieron al servicio de algo que los viajeros ya llevaban en el oído y así, incluso los que nunca hubieran escuchado a la OSM podía reconocer el punto de partida y dejarse sorprender por lo que venía después, sin necesitar ninguna explicación sobre cómo debía apreciarlo.
Esa familiaridad hace que la intervención llegue más lejos que una música agradable puesta de fondo. La orquesta toma prestado un sonido de la ciudad y lo devuelve con algo que antes no habías oído, aunque estuvieras allí todos los días. También está anunciando su temporada, claro, pero lo hace dejando que su trabajo responda por ella en mitad de un trayecto que nadie había organizado para asistir a un concierto. Y aunque la acción durase sólo un día, fue lo suficiente para que algunos viajeros pidieran que se repitiera. Me gusta pensar en el pequeño desconcierto del día siguiente, cuando volvieron las notas de siempre y alguien quizá esperó un poco más. Que todo siga sonando igual, pero tú ya hayas escuchado otra posibilidad, también es una buena manera de llevarte la música a casa.







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