El típico libro de mesa de centro suele cumplir una función bastante dócil, acumular polvo con elegancia, presumir de buen gusto y vestir el salón sin incomodar a las visitas. Romper esa tregua (casi) burguesa exige una dosis considerable de atrevimiento, y la agencia alemana Jung von Matt Neckar la ha encontrado sentando, literalmente, a toda nuestra especie en el banquillo. Bajo el nombre de Re:View, este artefacto editorial de cuatrocientas páginas publicado por We Mind Publishing plantea una pregunta tan incómoda como urgente, ¿merece la pena salvar a la humanidad?, dejando que sea la sonda espacial Hera de la Agencia Espacial Europea quien interrogue a científicos, artistas y pensadores sobre nuestro derecho a seguir ocupando el cosmos. Vale, es rebuscado, pero no me negarás que pinta muy interesante…
Lo mejor de todo es que semejante delirio existencial habría quedado en una ocurrencia pomposa si el envoltorio no estuviera a la altura del desafío. El acierto recae directamente en la mano gráfica de Sebastian Onufszak, Markus Goles, Christoph Grünberger y Anny Wiedleroither, responsables de convertir el tomo en una pieza que (por supuesto) se puede tocar (pero tocar – tocar, ya me entiedes). Una cubierta envuelta en papel plateado, troqueles circulares que juegan con la luz y unos cantos teñidos en un naranja fluorescente rabioso transforman el volumen en un fetiche industrial que parece recién caído de un satélite. Entre sus páginas, la tipografía experimental y las texturas granulosas colisionan naturalmente con fotografías científicas, creando una narrativa visual en la que el diseño gráfico recupera ese músculo salvaje que el minimalismo digital nos ha ido robando a golpe de plantillas.
Lo más demoledor de esta auditoría cósmica es que renuncia por completo al sermón moral y a los finales felices. El libro no busca redimirte ni convencerte de que nuestra especie cambiará a tiempo, prefiere dejarte a solas en el salón con el estómago encogido mientras hojeas un veredicto que pinta bastante feo (solo necesitas encender el televisor y poner cualquier informativo). Plantear esa incomodidad a través de un objeto físico impecable, saturado de tintas especiales y soberbia gráfica, demuestra una agudez conceptual y creativa envidiable. Además, hace evidente algo que me parece muy interesante, que el papel todavía conserva la mala leche necesaria para sentarte en el banquillo y hacerte dudar de tu propia supervivencia.
Lo quiero. Lo necesito.


















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