El píxel es bello. Larga vida al píxel…

La cosa es esta: llevamos tanto tiempo adorando (u odiando, ponte del lado que quieras) las maravillas que nos brinda – creativamente hablando – la Inteligencia Artificial, que hemos olvidado el poder de un buen píxel. Su belleza. Su promesa nostálgica de un futuro fantástico. Su rotunda presencia. Su intenso descaro… Y es que ahora nos desgañitamos (menudo palabro) intentando escudriñar (van dos seguidos, estoy en racha) si esa imagen que nos ha cautivado es real o un mero producto sintético, si pertenece a este lado de la pantalla o al otro, cuando no hace tanto tiempo, todo lo digital se reconocía fácilmente. No cabía engaño posible. Era evidente. Casi tangible. Y el responsable de esa certeza absoluta tenía un nombre, píxel.

Tal vez por eso (o no), la artista turca Pınar Gökoglu – aka Cinnamon Chuck – ha decidido honrar la memoria de los píxeles a través de su obra, una colección de piezas fascinante que se caracterizan (como no podía ser de otra forma), por la intensidad de sus colores, por los contrastes, por los sorprendentes detalles que consigue y por la complejidad que, cuadrado a cuadrado (sí), acaba logrando.

Mucho más allá de la nostalgia. Cinnamon Chuck logra traer al presente a personajes de la era dorada digital, y enviar al pasado a otros protagonistas de la cultura Pop moderna. Sus creaciones brillan con luz propia y se convierten en un poderoso grito de guerra contra aquellas y aquellos que piensan que el Pixel Art es algo pasado de moda.

¿Juegas?


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