Ya, ya lo sé. Me dirás que tengo la tendencia a romantizar todo lo asiático. Y lo sé porque ya me lo has dicho otras veces y, tal vez, porque – en el fondo – tengas algo de razón, no te (ni me) engañaré. Pero no es menos cierto que cuando me descubro a mí mismo disfrutando de estos fragmentos de tiempo congelados que retratan instantes de un continente cautivador, no puedo evitar caer en la tentación y dejarme llevar, dejarme seducir, venir aquí y traerte miradas tan fascinantes como las del fotógrafo francés residente en Seúl Antoine Mutin. .
Y es que hay muchas formas de contemplar el mundo. Muchas, también, de inmortalizar sus detalles. Pero no siempre tienes la suerte de encontrar genios capaces de mostrar con ese talento y creatividad cinematográfica la diversidad y belleza de la vida en Asia. Miras sus fotografías y sientes que estás ante historias que desean ser descubiertas, que anhelan ser explicadas. Tal vez sólo para ti, tal vez para todo un universo de personas nuevo. Depende de tu propia curiosidad.
Y es que eso, la curiosidad, es lo que nos construye. Una y otra vez








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