… especialmente para los refugiados de Myanmar que viven en Tailandia. Pero espera, vamos a empezar bien, por el principio, como manda el canon. Sergey Melnikov es un fotógrafo afincado en Londres que combina su mirada profesional, centrada en la fotografía arquitectónica, con proyectos personales apasionantes que confirman su talento narrativo. Este es el caso de la serie que traigo hoy a Phusions, «How refugees live in the north of Thailand» un auténtico documental visual sobre la no siempre fácil existencia de ciertas personas en determinados lugares. Hablo de refugiados de Myanamar, como decía al principio, sí. Y también sabes que hablo de Tailandia.
En palabras de Melnikov, «Confucio dijo una vez: Elige un trabajo a tu gusto y no tendrás que trabajar ni un solo día en tu vida. No todo el mundo tiene la suerte de encontrar el trabajo de sus sueños y siguen yendo a un trabajo que no les gusta día tras día. ¿Y si te dijera que hay trabajos mucho peores de lo que te imaginas? Uno de ellos es la clasificación de basura en un vertedero en el norte de Tailandia. Los refugiados de Myanmar están involucrados en este trabajo y es la única manera de alimentar a sus familias·.
Te presento el vertedero:

Este lugar se encuentra cerca de la ciudad de Mae Sot, en el norte de Tailandia. Es una ciudad fronteriza con Myanmar, un país en el que existe un grave problema con el tráfico de personas, secuestros y otros delitos. Por esa razón, muchos ciudadanos huyen hacia Tailandia esperando encontrar una vida mejor. ¿Te suena? El mundo es un lugar muy pequeño con historias que se repiten de forma constante.
Al final de ese camino que deciden emprender, lo que se encuentran esos refugiados son trabajos en el vertedero. ¿Su función? Clasificar la basura.
Sergey Melnikov
Olor nauseabundo, que es literalmente palpable, hordas de moscas y gusanos: eso es lo que una persona ve por primera vez cuando llega a este lugar, pero si se profundiza en el interior, se ve una imagen completamente diferente: la vida ordinaria. Aquí hay un niño de unos 4 años jugando con un coche (y que no tenga la mitad de las ruedas y se rompa el cuerpo), y aquí hay niños bajando por un tobogán (y que sea una montaña de basura, no un tobogán en un parque acuático), y aquí está Spider-Man, de 6 años. Y mirando sus rostros felices y la luz en sus ojos, ¡es imposible creer que tal cosa todavía sea posible en un lugar así!
Esta es una historia, ya lo ves, de contrastes. Sergey retrata dos realidades en un instante. La más cruel, la que se palpa, arranca desde cero cada vez que un camión de basura llega al vertedero. Y eso sucede muchas veces al día. Ellos recogen rápidamente toda la basura y luego la llevas al campamento, donde la clasifican cuidadosamente: vidrio por separado, plástico por separado… Como verás en sus fotografías, muchas niñas y niños ni siquiera tienen zapatos y corren descalzos entre montañas de esa basura que están separando.
Todo ello, por cierto, para cobrar unos 15 dólares semanales que ni tan sólo cubren lo necesario para alimentar a todos los miembros de la familia. Por esa razón trabajan todos ellos, incluso los niños pequeños. Y es que, aunque no lejos del vertedero, unos voluntarios han creado una escuela para niños, no todas las familias pueden permitirse que sus hijos vayan a la escuela, porque entonces su productividad bajaría.
El paraíso.





























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