Es sábado (o lo era cuando he escrito este artículo, si tú llegas más tarde). Es sábado y es tres de agosto. Desde esta butaca contemplo, en paz, las montañas que me esperan al otro lado de la ventana. Vivo, hoy, a unos cuantos cientos de kilómetros de mi residencia habitual, en un pequeño rincón del mundo en el que el aroma de la naturaleza resulta casi embriagador. La ciudad queda lejos. El ruido también. Aquí el tiempo pasa más lento, como si todo lo demás pudiera esperar, como si todo se hubiera puesto en pausa. Hoy es ahora. Nada más.
Por eso, en este instante, me dejo llevar por la creatividad e imaginación de artistas como el japonés Kensuke Okazoe. Su mirada profunda te lleva por parajes en los que se mezclan la simbología tradicional que honra sus orígenes, con elementos que te recuerdan que estás viendo a un genio moderno. Sus personajes vibran. Sus personajes viajan y te invitan a hacerlo con ellos aprovechando ese tiempo que tienes hoy y que, quizás, no tenías ayer.
Desde esta butaca, hoy, siento que todo es posible.

































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