Y de cuando había quioscos, de hecho. Porque es posible que seas de una generación que apenas sepa lo que era ir por la calle y detenerse en una de esas casetas en las que te esperaba el diario del día, el coleccionable de turno, tu paquete de chicles o cualquier otra necesidad (no básica) que quisieras cubrir. Existía toda una armonía existencial entre las ciudades y los quioscos, entre las personas y lo que les ofrecían los quiosqueros, que – sin duda – ocupaban un lugar de confianza en muchas de las decisiones y conversaciones que teníamos.
Inspirados por ese sentimiento y aprovechando que, además, existe una buena razón (arquitectónica) para lanzarse a documentar los vestigios de unas construcciones que vibraban al mismo ritmo que las calles que ocupaban, los fotógrafos David Navarro y Martyna Sobecka han publicado el libro Kiosk: The Last Modernist Booths Across Central and Eastern Europe. Un volumen que celebra estos pequeños iconos urbanos contextualizados en la segunda mitad del siglo XX en los países del antiguo Bloque del Este.
A través de sus más de 150 imágenes, Navarro y Sobecka, propietarios del estudio de diseño (y editorial independiente) Zupagrafika, especializada en explorar la arquitectura modernista y brutalista de la posguerra del antiguo Bloque del Este y más allá, documentan un fenómeno regional que desaparece lentamente. Y lo hacen dando buena cuenta de sus formas y de las viejas historias que todavía protagonizan.»Mientras que algunos permanecen activos o han sido objeto de renovación, otros han sido abandonados o se han desvanecido lentamente del paisaje urbano», explican.
Y es que estos quioscos futuristas y de colores brillantes alojaron (algunos todavía lo hacen) puestos de perritos calientes, floristerías, casas de cambio, taquillas y más. El modelo seminal K67, ideado por el diseñador esloveno Saša J. Mächtig, estimuló muchos otros diseños en toda la región. Estos módulos, construidos con fibra de vidrio reforzada, fueron concebidos como unidades individuales que podrían unirse para crear grupos más grandes.El resultado, todavía hoy, es absolutamente fascinante.
Este es un viaje por la nostalgia.










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