Te propongo un ejercicio creativo: imagina abrir un pasaporte y encontrar una travesía. No de sellos ni visados, sino de cumbres nevadas, valles imposibles y arquitectura que respira historia. ¿Te gusta? Pues así es el nuevo pasaporte suizo diseñado por RETINAA: un recorrido gráfico por la identidad de todo un país, comprimido en un pequeño objeto que cabe en la palma de la mano y que es algo más que un fiel compañero de viaje(s).
Hoy me ha apetecido rescatar esta pieza editorial – porque es lo que es – que, desde su lanzamiento en otoño de 2022, se ha convertido en un símbolo de lo que significa repensar un documento para que no solo funcione, sino que emocione (aish). Cada página narra una etapa, desde el Pizzo Rotondo en el macizo de Saint-Gotthard hasta los rincones más íntimos de los 26 cantones. Y lo hace con mapas, líneas de contorno, monumentos y un dominio técnico que – no nos engañemos – que define perfectamente el tópico de la precisión suiza.
«El pasaporte suizo es más que un documento administrativo formal. Es la expresión de la identidad helvética y un embajador de la marca Suiza en el extranjero. Es una celebración de la identidad suiza y una muestra de la experiencia tecnológica»
RETINAA .
Bajo luz ultravioleta, emergen topografías invisibles a simple vista. Los paisajes se iluminan. Aparecen rutas fluviales, montañas, trazas de historia y cultura que revelan que el agua – que aquí se convierte en el hilo conductor que da forma al país – es también protagonista gráfica. Porque en este pasaporte, el diseño no es decorativo: es contenido, es mensaje, es una declaración.
El trabajo de RETINAA, en colaboración con Thales y Orell Füssli, no se queda solo en lo estético. Este pasaporte sigue siendo uno de los documentos más seguros del mundo. Pero su fuerza no está solo en lo que impide… sino en lo que permite: sentir que llevas contigo una pequeña obra de arte. Una que no dice quién eres con letras, sino con montañas. Con historia. Con geografía emocional.















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