Cierra los ojos durante sólo un segundo y prepárate para un viaje increíble. ¿Ya? Ahora Imagina que vuelves a tener nueve años. Estás frente a una pantalla de tubo que parpadea en tonos morado y verde, los mandos tu vieja consola entre las manos, el mundo real suspendido allá afuera. El futuro, en ese instante, no era una idea abstracta: era color, geometría y fantasía pura. Gaetan Sahsah (aka Azaazelus) no ha olvidado esa sensación. Y ha aprendido a dibujarla.
Por eso su universo visual no es solo una estética: es una cápsula emocional. Su estilo, una deliciosa mezcla de retro, pop psicodélico y ciencia ficción ilustrada – casi nada, ya – captura algo más profundo que la forma. Captura la vibración. Cada ilustración suya parece una escena congelada de un sueño intergaláctico que ya tuviste, pero no sabías cómo recordar.
Los colores – malva, amarillo pálido, rosa pastel – tienen algo de glitch emocional. Las líneas, limpias y precisas, delimitan personajes que parecen salidos de cómics franceses de culto, como si Métal Hurlant (ah, Moebius, Druillet y Dionnet,…) hubiera hecho un spin-off digital para los tiempos que corren. En sus cabinas espaciales no hay gravedad, pero sí nostalgia. En sus figuras no hay rostro, pero sí identidad. ¿No te gusta lo que estás leyendo?
Pues tengo más. Las referencias están ahí, claro: videojuegos de los 80, cubiertas pulp, Moebius (sí, insisto). Pero más allá del guiño visual, hay una narrativa implícita. Sahsah no ilustra mundos. Ilustra atmósferas. Y, lo mejor, es que te mete dentro de ellas con una estética que se siente más como una sinestesia que como una imagen. Una especie de equilibrio improbable entre lo que ya pasó y lo que aún no ha sucedido.
Y justo ahí está la magia: en que no sabes si estás viendo un artefacto del pasado o un fragmento de lo que vendrá. Todo es reconocible y nuevo al mismo tiempo. Un arte neo-retrofuturista que no necesita explicar nada, porque lo sientes antes de entenderlo. Como si el caos se ordenara en silencio y la simetría escondiera mensajes. Como si hubiera una melodía sintetizada debajo de cada trazo que te dice, sin palabras: “Estás donde tenías que estar”.
Por eso, si alguna vez pensaste que la ciencia ficción visual era solo para techies o nostálgicos de Blade Runner, Gaetan Sahsah viene a demostrarte lo contrario. Porque su trabajo te dice, te susurra, que el futuro no tiene que ser oscuro ni distópico. Puede ser vibrante, colorido, y – por supuesto – delicadamente absurdo.


















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