No importa si no llevas encima — cada día, todo el día — una réflex. Ni un trípode. O una mochila llena de objetivos carísimos. A veces, basta con lo que sí tienes — a cada momento, quizás ahora mismo — en la mano. Tu smartphone. Eso, y un gesto, una mirada precisa, para que lo fugaz se vuelva eterno. Para que lo que ibas a olvidar se transforme en arte. Eso es, exactamente, lo que celebran un año más los Mobile Photography Awards. Y sí, las imágenes de este año son (una vez más) espectaculares. Pero también son algo más. Son humanas. ¿Sabes de qué hablo, verdad?
Y es que detrás de cada retrato, de cada calle, de cada sombra, hay alguien que supo ver. Que se atrevió a detenerse. Que escuchó ese susurro que a veces lanza la realidad antes de desvanecerse. Como el fotógrafo Ke Ma, que ganó en la categoría de Street Photography con una imagen, Cry Out, que duele y emociona a partes iguales. O Kunhua Chen, que en Green Light Water Column transforma el agua y la luz en una especie de milagro líquido. De eso va todo esto. De eso. De esto.


La técnica importa, pero no tanto como lo que te hace sentir
Ya sabes (porque lo hemos visto otras veces en Phusions), que los Mobile Photography Awards llevan desde 2011 haciendo algo que podría parecer impensable: consagrar la fotografía móvil como una forma de arte mayor. No como “alternativa”, no como “curiosidad”, sino como una herramienta legítima para contar el mundo. En esta edición —la número 14— se han entregado premios en 12 categorías distintas. Desde retratos intensos (“Caught in Red Light!” de Michal Wesolek), hasta ensayos visuales que recorren ciudades, océanos o rincones donde el tiempo parece haberse parado.

Pero no es solo una cuestión de talento individual. Me gusta verlo como una revolución colectiva. Porque cuando miles de personas de todo el mundo comparten su visión con una simple (ya me entiendes) cámara de bolsillo, lo que se genera no es solo un archivo de imágenes. Es un atlas emocional. Un mapa de lo que somos. Lo que sentimos. Lo que callamos.
Por todo ello, estas fotos no son “buenas para ser de móvil”. Son buenas. Punto. Porque la herramienta no hace al artista, lo que lo hace es su forma de mirar. Y eso no se compra en una tienda.




14th Annual MPA Grand Prize – Cerrina Smith
















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