Hay algo hipnótico en sus formas. Lo reconozco. No sabes si se están derritiendo o recomponiendo, si son parte de un sueño con texturas de gomaespuma o fragmentos de un recuerdo que no viviste. En el universo de Vincent Schwenk todo parece flotar —lento, amable, casi vivo—. Y aunque su obra sea digital, tiene una presencia que acaricia. Que respira. Que se queda. Oh.
Diseñador, animador y alquimista del color —casi nada— afincado en Hamburgo, Schwenk lleva años construyendo esculturas que no existen pero que te gustaría tocar. Su trabajo se mueve entre la ilustración 3D, el motion design y el arte conceptual, con una estética que parece surgida del cruce entre el arte abstracto, la cultura del render y una infancia sin prisa. No sólo te hablo de su técnica (que la tiene, y mucha), me flipa su forma de generar apego visual. Sin necesidad de explicación. Solo sensaciones.
Cuando el render se vuelve tacto
Y es que hay una cualidad táctil en su obra que descoloca. Como si el diseño industrial hubiese decidido abrazar la emoción. Como si cada forma viniera con temperatura. En sus series más reconocibles —esas burbujas semiopacas, esos bloques que se pliegan sobre sí mismos, esos objetos que parecen tejidos a base de glitch— Vincent no te dice qué estás viendo. Te lo insinúa. Y tú completas el resto (esto me alucina, ya lo sabes). Sí, se trata de puro arte interactivo, aunque pueda que no lo parezca.
A través de su estudio y bajo una identidad visual que ha sabido afinar con precisión, Schwenk ha trabajado tanto para marcas como para proyectos personales, pero el pulso es siempre el mismo: materiales imposibles que parecen respirar. Plastilinas cromadas, texturas de madera que mutan, colores que se funden. Su mundo se mueve, pero sin estridencias. Con ritmo interno. Con suavidad conceptual.
La forma de lo emocional
En su obra no sólo te cautivarán el acabado y la espectacularidad de los efectos, lo que te conectará con él es algo que no se puede nombrar y que aparece cuando ves uno de sus loops en movimiento y sientes, literalmente, que podrías estar mirando una emoción comprimida. ¿Ansiedad embellecida? ¿Curiosidad abstracta? ¿Una ternura futurista? No tengo ni idea de cómo definirlo. Pero sería algo así. Seguro…
Por eso, me encanta encontrar a artistas que me ayudan a romper esa idea de que lo digital suele ir ligado a lo frío o lo técnico, el trabajo de Schwenk recuerda que también se puede diseñar desde la intuición. Desde lo blando. Desde el juego.
Desde un lugar donde lo que cuenta no es qué estás viendo, sino cómo te hace sentir.



































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