No es —sólo— un fotolibro. Es una carretera abierta. Un disparo al imaginario. Un espejo —roto, crudo, necesario— de esa América que no sale en las postales. Texas Trigger, el nuevo trabajo de Marco P. Valli y Luca Santese, publicado por Cesura Publishing, no pretende explicarte qué está pasando en Estados Unidos. No. Te lo muestra. Y punto.
La historia (porque esto es una historia) arranca en Dallas, mayo de 2024. Trump ha sido reelecto. El país respira raro. Y los autores deciden subirse a un coche y recorrer 5.000 millas con sus cámaras como únicas brújulas. Lo que encuentran no es un estado, es un síntoma. Una tensión permanente entre libertad y violencia, entre mito y decadencia. Una tierra que parece funcionar con sus propias reglas, y sus propios fantasmas.
Una América que duele, y que dispara
Cada imagen es un disparador. Literal. Y simbólico. El título ya te avisa. “Trigger” funciona (claro) como gatillo pero también como estímulo emocional, como flash que irrumpe y revela. Porque este libro no te conduce, te interrumpe. No organiza la historia en capítulos, la deja fluir como lo haría una ruta sin GPS. Con baches. Con encuentros inesperados. Con silencios que pesan más que cualquier titular.
Durante el viaje, Marco y Luca se cruzan con realidades que duelen, pero que están ahí. Incluso aunque quieras mirar a otro lado. Te hablan de la crisis de los opioides, del crecimiento de la indigencia, de los derechos LGBTQ+ amenazados, o de la frontera mexicana convertida en herida abierta. Pero todo eso convive con otra narrativa —mucho más ruidosa— de banderas, armas y patriotismo a gritos. Sin maniqueísmo. No se trata de identificar a los buenos o a los malos. Esto va de personas. De sus historias. De sus miedos. De la rabia y el orgullo. Y todo eso (no lo dudes) cabe en el encuadre.
Cuando el fotoperiodismo se convierte en poesía documental
Texas Trigger no denuncia, dispara. No editorializa, enmarca. Y ese gesto —aparentemente simple— es de una fuerza brutal. Porque lo que construyen Valli y Santese no es solo una crónica de viaje, es un dispositivo emocional. Uno que te obliga a mirar, a frenar, a volver atrás. Y a preguntarte —sin necesidad de respuesta— qué significa hoy ser americano. O extranjero. O (vaya) humano.
Y sí, lo sé, hay muchas formas de contar lo que está pasando en Estados Unidos. Pero pocas tan viscerales, tan lúcidas y tan incómodas como esta. Un libro en el que no puedes pasar página sin sentir que algo se ha quedado pegado. Como el polvo del camino.
Como el sonido de un disparo que no se va.



















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