Un fantasma de Warhol te guiña un ojo. Una figura de Lichtenstein se asoma desde su marco. Hay retazos que faltan (o se echan de menos). Stephen Eric Lee (aka E.LEE), un artista de Chicago, ha hecho de esta fantasía su lienzo. Su serie “Art About Art” no es una retrospectiva, es una reinvención juguetona, un homenaje y una sátira en la que los iconos del arte moderno deciden que ya no quieren estar más dentro del marco. Y a ti te pone a prueba. ¿Los reconoces todos?
Porque lo que consigue E.LEE es una conversación en tres dimensiones. Gracias a su técnica trompe l’oeil, las superficies planas cobran una vida inesperada. De repente, una figura de KAWS parece estar a punto de dar un paso fuera de su pintura, o un personaje de Lichtenstein se asoma desde un marco dorado, rompiendo la barrera entre la obra y el observador. Es como si el arte, consciente de su propia historia, decidiera interactuar contigo de una forma completamente nueva y traviesa.
La ironía del tributo
En el corazón de la obra de E.LEE reside un profundo respeto por los artistas que lo precedieron, pero con un punto de ironía (y esto me encanta) que lo hace único. No se limita a copiar estilos, los recontextualiza (oh). Se apropia de la paleta de Rothko o de las viñetas de cómic de Lichtenstein, pero para contarte una historia diferente. Es un juego de espejos, una forma de recordarte que el arte no vive en los museos, sino en la cultura, en nuestra memoria visual. Por eso, cuando una obra se vuelve un icono, tiene la libertad —o la obligación— de salirse de su marco para seguir latiendo.
La maestría de E.LEE está en convertir la referencia en algo original. Sus murales y cuadros no solo rinden tributo, sino que te obligan a pensar. A que te preguntes por qué un “Companion” de KAWS ha decidido escapar, o qué pasaría si una de las obras de Picasso te hablara. Es un arte que se nutre de otros, pero para encontrar su propia voz.
Un nuevo diálogo con la historia
Al final, E.LEE logra darle forma a un (o una especie de) diálogo. Con la historia, con los iconos y, en última instancia, contigo. Sus piezas te invitan a un espacio donde la pintura plana se transforma en una ilusión de profundidad, donde lo familiar se vuelve extraño y lo extraño se vuelve fascinante. Es una forma de decirte (quizás su forma de hacerlo) que el arte, en su forma más pura, no es sólo un objeto que contemplas, que puede ser mucho más, que puede ser (incluso) una idea que te habita.
Así que aprovecha (hazlo, en serio, reconforta) que hoy es sábado. Un sábado tranquilo de agosto. De esos que pasan lentamente,. Y detente (más, si cabe) frente a este pantalla. Observa. Siente. Y déjate sorprender por su capacidad para contar historias. Quién sabe, tal vez la próxima vez que te encuentres frente a un cuadro, notes que algo te mira de vuelta.
Y otro día, te lo prometo, hablaremos de sus murales. Porque tampoco tienen desperdicio.






















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