Hay quienes, como tú y como yo, aprendimos a ver la lluvia como un intruso, como un —en ocasiones incluso— molesto velo gris que llega para aguarnos los planes. Pero a veces, una simple gota, en el lugar correcto, puede cambiar tu mirada para siempre. Suaresh Naganathan, un fotógrafo de origen indio criado en Suiza, experimentó esa metamorfosis. Y al hacerlo, nos regaló un proyecto que es un diario íntimo —y conmovedor— sobre su reencuentro con el monzón de Mumbai. Un relato que se balancea entre la maravilla, la nostalgia y la vida.
Por eso, el proyecto «Raindrops» no es una simple oda estética a la temporada de lluvias. Es una confesión. Una narración visual nacida del encuentro con un clima que lo transforma todo: las colinas marrones se vuelven un verde furioso, las cascadas surgen de la nada y los colores explotan bajo cielos plomizos. Pero Naganathan no se queda ahí, se atreve a ir más allá para contarte la dualidad del monzón de Mumbai. Y lo hace con la misma sinceridad con la que te contaría el inicio de una historia de amor, o el final de una de desamor. Esto es un viaje. Uno que empiezas justo ahora.
Un espejo de emociones en la ciudad…
Porque las imágenes de Suaresh Naganathan tienen un ritmo dual. Alternan entre la alegría casi infantil que despiertan las primeras gotas y la melancolía de esos días eternos sin sol. Muestran la risa de un niño que juega en los charcos y la lucha diaria de quienes se enfrentan a las inundaciones. Es una danza de emociones que hace de Mumbai no solo un telón de fondo vibrante, sino un espejo donde se reflejan los sentimientos que el monzón despierta. La ciudad, vista a través de la lente de Naganathan, se convierte en un personaje que late con la misma intensidad que la tormenta.
Naganathan captura el monzón en toda su potencia emocional. Te hace sentir que es un fenómeno natural que se transforma en un lienzo para pintores, una pausa necesaria o una prueba a superar. Cada gota no es solo agua, es un fragmento de una historia, una confesión de cómo un suceso climatológico puede convertirse en el espejo de tu propia alma, de tu propia conexión con el mundo.
De alguna forma, te está invitando a que te mojes con cada una de ellas, a que te preguntes si la belleza no reside, a veces, en aceptar la complejidad de las cosas. Incluso, o sobre todo, de las que nos parecen incómodas.













Deja un comentario