Los símbolos, tú y yo lo sabemos, no se tocan. Representan la identidad, la historia, la esencia de una marca. Y para Lacoste, ese (su) símbolo es un cocodrilo. Un cocodrilo que ha acompañado al tenis y a su leyenda durante décadas. Pero a veces, una historia es tan grande que merece que el símbolo le ceda una parte de su relato. Y en una jugada tan audaz como simbólica, la marca francesa ha decidido reemplazar a su icónico reptil por una cabra, rindiendo un homenaje sin precedentes a Novak Djokovic, el —para muchos— «Greatest Of All Time«.
Esta no es una simple colección cápsula. Es una declaración de intenciones. Es la forma que tiene Lacoste de decir que, con 24 títulos de Grand Slam y un palmarés que roza lo imposible, Djokovic no es solo un deportista. Es una leyenda viva. Y esa leyenda, ese estatus de «GOAT», merecía una pieza que estuviera a su altura. Un gesto de diseño que trasciende la moda y se convierte en un capítulo de la historia del deporte.
La audacia de cambiar un icono
La maestría de esta iniciativa reside en su sencillez. El cocodrilo cede su lugar a una cabra verde, evocando el acrónimo GOAT, que en inglés significa —exacto— «cabra», pero también «el más grande de todos los tiempos«. Un juego de palabras que hace años que es trending pero que, en esta acción, adquiere otra dimensión. La colección, que incluye polos, chándales, chaquetas y gorras, es un tributo directo a la figura de Djokovic, y es una forma de honrar su legado sin perder la elegancia deportiva que siempre ha caracterizado a la marca.
Conviene recordar que no es la primera vez que Lacoste juega con su emblema. En 2018, la marca eliminó su icónico cocodrilo para concienciar sobre la desaparición de especies en peligro. Un reptil que desaparece —bonita ironía— para salvar a otros animales. Y es que Lacoste no ve su logo como una pieza intocable, sino como una herramienta narrativa con la que puede contar historias que importan.
El legado que se lleva en la piel
Al final, este es un manifiesto sobre la audacia de las marcas que se atreven a reinterpretar su propia historia. Un recordatorio de que, en un mundo saturado de mensajes, el verdadero valor reside en la autenticidad. La campaña de Lacoste no te vende un polo; te vende una historia. La historia de un campeón, de una leyenda, de un «GOAT» que ha dejado una huella imborrable.
Es una forma de decir que el legado de un deportista no solo se mide en títulos, sino en la capacidad de inspirar, de trascender, de convertirse en un icono. Y eso, si lo piensas bien, es más valioso que cualquier trofeo.















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