Crecer, eso nos dijeron, es dejar los juguetes en una caja y aprender a “ser serios”. Pero la verdad —lo sabes tú y lo sé yo— es que la vida se vuelve mucho más llevadera si guardamos un rincón para el juego. Y justo eso es lo que grita a los cuatro vientos (casi literalmente) LEGO en su nueva campaña Never Stop Playing, una pieza en la que Tom Holland se convierte en el héroe de una historia tan colorida como cargada de un mensaje con mucho más fondo del que pueda parecer (especialmente en el mundo en el que vivimos).
Porque aquí no se trata de vender ladrillos, sino de reconstruir algo más frágil, la certeza de que la creatividad no caduca (tengas la edad que tengas). Con humor, ritmo y una puesta en escena que late al compás de High Voltage de AC/DC, el actor británico y la compañía danesa nos invitan a mirar atrás, a rescatar la inocencia perdida y, de paso, a preguntarnos cuándo dejamos que la prisa sustituyera a la imaginación.
Jugar —digan lo que digan— no entiende de edades
El corto, dirigido por Los Pérez, es una sucesión de metamorfosis que nacen de una premisa fantástica: ¿Por qué alguien querría dejar de jugar? Holland se transforma en inventor, en futbolista, en un magnate hastiado o en creador desbordado, siempre rodeado de mundos que solo existen porque alguien los soñó con LEGO. Y lo hace acompañado de sus hermanos Harry y Sam, lo que añade una capa de autenticidad a la historia (al fin y al cabo, todos tenemos recuerdos de infancia que llevan el nombre de quienes jugaron con nosotros).
Los decorados están plagados de hallazgos visuales: el fénix que planta cara al directivo que cancela los juegos, unas zapatillas con cohetes, un jardín botánico de flores imposibles, incluso un disfraz LEGO que se convierte en segunda piel. Cada secuencia es una oda al poder del juego como lenguaje universal, ese que no entiende de edades y que se despliega igual en la infancia que en la etapa adulta. Esa en la que dicen que estamos.
El poder de jugar en serio
Toda esta oda a jugar se enmarca en Rebuild the World. Esta gran iniciativa global de LEGO surge de una preocupación real, según un estudio de la marca, el 44% de los niños siente la presión de crecer demasiado rápido. Ojo. Este cortometraje es su respuesta, un recordatorio en clave de humor y color de que el juego no es pérdida de tiempo, sino una forma de entendernos mejor.
Por eso Never Stop Playing trasciende la pantalla: desde ya, las creaciones del corto se exhibirán en la Casa LEGO de Dinamarca, donde sus vistantes podrán ver a tamaño real desde el megáfono gigante hasta el traje floreado que luce Holland. De alguna forma, con así le dan vida al mensaje, lo encarnan, para ser aún más contundente, la imaginación no se agota, se comparte. Y, para transmitir este mensae, Lego ha encontrado en Tom Holland a un embajador perfecto, alguien que conecta generaciones y que —con naturalidad— demuestra que la creatividad no conoce límites. Al final, el mensaje es claro, no se trata solo de construir con piezas, sino de recordar que cada momento vivido puede ser un juego.
Y quizá ahí esté la gran enseñanza: que jugar también es vivir la vida al máximo. Y que nunca es demasiado tarde para volver a hacerlo…









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