La norma número uno de cualquier museo (y si no la uno, la dos) es sagrada, mantén las manos en los bolsillos y observa desde la distancia de seguridad. Pero el artista canadiense Connor Gottfried ha dinamitado esa barrera invisible con un destornillador y un puñado de microchips. Sus obras no se cuelgan en la pared para ser admiradas pasivamente bajo un foco de luz tenue, están ahí para ser (sí) jugadas. Gottfried crea esculturas interactivas que fusionan la estética del arte contemporáneo geométrico con la tecnología de la vieja escuela, convirtiendo piezas de acrílico y aluminio en consolas plenamente funcionales que te piden a gritos que pulses «Start«.
Lo que a primera vista parece una composición abstracta de capas brillantes y formas procedentes de la cultura pop con un toque retrofuturista, esconde un – nostálgico – corazón de 8 bits. Gottfried no se limita a evocar tu memoria como un elemento decorativo (algo muy común hoy en día), sino que la reactiva. Al integrar pantallas, joysticks y botones reales en estructuras de gran formato, te transforma en jugador. Ya no eres un observador externo analizando la obra, te conviertes en parte del circuito, interactuando físicamente con la pieza para completar la experiencia artística a través del tacto y el juego.
El proceso detrás de estos tótems lúdicos es una mezcla fascinante de artesanía digital y montaje manual. Nacen en su ordenador, modelando composiciones que luego se materializan mediante cortes CNC y láser sobre paneles compuestos. Pero la magia real ocurre en el ensamblaje. Cableado interno, luces LED y hardware de juego se integran en la estructura arquitectónica del cuadro. Es «cibernética artesanal» diseñada para resistir el uso, porque estas obras no están hechas para acumular polvo en una galería, sino para superar puntuaciones máximas.
Ya sabes que el arte digital (demasiado a menudo) suele confinarse a pantallas frías y distantes (o a inalcanzables NFTs), pero Connor Gottfried devuelve la tactilidad a la ecuación. Sus esculturas son cápsulas del tiempo que no buscan congelar el pasado, sino hacerlo habitable de nuevo. Porque el juego es, posiblemente, una de las formas de expresión más puras y honestas que existen.
Así que, por favor, esta vez acércate y toca.



















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