A veces, una gran revolución cabe en lo más pequeño. O en los objetos menos esperados. Sólo se trata de escuchar. De ver (ver de verdad). De descubrir que hay gestos que das por hechos hasta que un día dejan de estar ahí. Algo tan simple, por ejemplo, como escribir una palabra, o pulsar una tecla con calma, ya no forma parte de la rutina de muchas personas con Parkinson, es algo así como una conquista diaria. Una conquista que cautivó, y de qué manera, la curiosidad de la diseñadora Alessandra Galli. Por eso, cuando descubrió esta realidad decidió mirarla de frente y construir (literalmente) una solución. OnCue, el teclado resultante de ese proceso creativo, es la prueba de que el diseño también sabe abrazar otras realidades.
Porque esto no es un gadget más, tampoco una curiosidad para expertos, OnCue es un objeto pensado a la medida de quienes más han tenido que aprender a tener más paciencia que todos los que les rodean. Inspirado – en parte – por la ergonomía del gaming, lo construyó tras escuchar las historias de muchos pacientes reales. El teclado emerge, sí, de algo que cada vez dejamos más apartado de nuestros procesos de diseño, la observación simple y precisa. Si para muchas de las personas que conviven con Parkinson, teclear no es rutina, recuperar esa autonomía de poder escribir un mensaje, un correo, un simple “te quiero” es algo más que una pequeña victoria, es un momento de absoluta satisfacción. Una sonrisa. Vida. Y ese es (o debería ser) el objetivo final de lo que hacemos, ¿verdad?
Cuando la vibración se convierte en ritmo y la luz marca el camino
Y por esa razón (honestamente), el auténtico valor de OnCue no está solo en sus algoritmos, no se trata de que use inteligencia artificial para iluminar la siguiente letra probable, o que se valga de vibraciones para acompañan el ritmo de tecleo y darle un feedback directo al usuario, sino en la sensibilidad para convertir tecnología en confianza. Las teclas con bordes elevados sirven de guía, las pulsaciones se traducen en estímulos y el teclado se divide para aliviar la tensión muscular. Todo es personalizable según el día y el temblor, porque ni el Parkinson ni quien lo sufre son siempre los mismos.
Detrás del teclado, detrás del James Dyson Award que ha ganado, brillan en la memoria el tiempo dedicado a escuchar, a probar, a seguirlo intentando hasta dar (literalmente) con la tecla. Lo que para ti puede parecer, casi, una acción automática, a los usuarios del OnCue les exige una – complicada – coreografía entre mente y cuerpo. Pero los resultados ya hablan de una promesa cumplida, menos errores, menos frustración, más ganas de teclear lo siguiente. Lo dicen los propios usuarios y los terapeutas que han participado en el desarrollo. Cuando el diseño acierta, lo técnico se disuelve en lo humano.
No es innovación, es escucha radical
Porque Galli no parte de la espectacularidad, sino de la humildad. Y por eso OnCue no es solo un invento, es una declaración de intenciones, el diseño también debe servir para sumar dignidad y devolver autonomía, no para imponer soluciones desde arriba. Un teclado puede ser un escenario de libertad. O un ejercicio de empatía en movimiento.
Esa es la idea detrás de toda esta historia, una idea en su estado más puro, una que te habla de tecnología que te ayuda, sí, pero que sobre todo escucha y aprende.









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