No es fácil, en 2025, conseguir que te tomes en serio a una impresora. No lo parece, como mínimo. Es inevitable a asociarla con recuerdos de un pasado en blanco y negro que construía oficinas ruidosas, atascos en bandejas que no sabías ni que existían y avisos en rojo en tu pantalla que se convertían en bugs eternos. Y, sin embargo, si piensas – aunque sólo sea por un segundo – en tu propia vida creativa, ¿cuántos momentos importantes han quedado impresos en una hoja de papel? Briefs que cambiaron el rumbo de un proyecto, contratos que marcaron un antes y un después, cartas que nunca enviaste pero necesitabas ver escritas. Ricoh ha decidido mirar a ese rincón de tu memoria para construir “Dreaming Ric”. Y lo ha hecho alrededor de una verdad simple pero muy contundente, que cada vez imprimimos menos, pero lo que imprimimos importa más que nunca.
Déjame decirte que recibí esta fabulosa pieza de uno de sus padres. Por email. Con un «tú que eres un amante de la tecnología y de la creatividad seguro que sabes ver cosas bonitas aquí«. Y tenía razón. La historia tiene la forma de un corto de cuatro minutos y la osadía de parar el reloj en una categoría que se ha rendido al 20 segundos, logo y fuera. Dos impresoras, una veterana de 2010, otra recién salida de la nueva serie circular IM C CE, comparten protagonismo, plano y conversación. La mayor – por decirlo en términos de edad – le confiesa a la pequeña – ya me entiendes – que a veces le pedían imprimir “cosas que aún no existen”. Ves maquetas, pruebas, primeras versiones de algo que solo se hizo real cuando tocó el papel. Y conectas. Con tus viejos proyectos, con los nuevos, y con los que están por venir. A partir de ese instante, la historia ya no va de máquinas. Va de lo que dejamos entrar en el mundo físico cuando todo podría quedarse flotando en la nube.
Dos máquinas, una conversación y todo un cambio de época
Que Ricoh haya elegido el lenguaje del cortometraje no es un capricho estético. Es una decisión estratégica: si quieres hablar de memoria, legado y futuro, si quieres explicar (en el mundo de hoy) por qué el papel sigue teniendo sentido en plena avalancha digital, no puedes hacerlo en 15 segundos entre un pre‑roll y un salto a otro vídeo. Hamlet Strategic Makers firma el concepto, Kin Studio se encarga de dirigir con una puesta en escena que respira cine más que publicidad, y Making Time teje una banda sonora que sostiene la emoción sin caer en el subrayado fácil.
Y todo ello mientras, en pantalla no hay personas. Hay presencia humana, pero fuera de campo. Se intuyen en los documentos que entran y salen, en el polvo acumulado en la – amarillenta – carcasa de la impresora antigua… y en la pulcritud de la nueva. El diálogo entre ambas funciona como espejo del propio sector, una máquina agotada por años de servicio que mira con cierto recelo, pero también con orgullo, a una sucesora construida con las últimas tecnologías. No hay ruptura violenta, hay continuidad. Lo viejo no se desecha sin más; se convierte, literalmente, en materia prima para lo nuevo.
Storytelling para hablar de circularidad (y no morir de tecnicismo)
La serie IM C CE es, en lo tangible, la protagonista silenciosa de este giro narrativo. Son equipos multifunción concebidos desde la economía circular. Pero Ricoh sabe que ningún dato técnico se queda en la memoria si no encuentra una historia donde alojarse. “Dreaming Ric” es justo eso, un contenedor emocional donde explicar por qué una impresora de 2025 no puede ser solo “más rápida y más eficiente”, sino también más responsable con lo que deja atrás.
De alguna forma es una carta de amor de Ricoh a las industria y al futuro. Y, viniendo de una compañía que lleva décadas viviendo de imprimir, la frase tiene más capas de las que parece. Por un lado, reivindica la innovación tecnológica al servicio de las personas y del tiempo, no como fin en sí mismo, por otro, reconoce que el papel ha pasado de ser commodity a convertirse en acto selectivo. Entre tanto contenido digital, imprimir es ya un gesto intencional, reservado a lo emocional, lo memorable y lo que merece conservarse.
Ricoh se permite, por una vez, no competir en el terreno de la velocidad, sino en el de la pausa. “Dreaming Ric” no se ve escroleando: se ve sentado, con el volumen activado, dejando que una historia aparentemente pequeña —dos impresoras en un cuarto— abra la puerta a algo más grande.
Algo como la forma en que decidimos qué parte de nuestra vida digital se vuelve rastro físico.


Deja un comentario