Japón tiene dos noches. Dos. Una es la que ya conoces (de tantas veces, incluso aquí), la de los neones de Shibuya, el ruido visual y la marea humana que nunca duerme. Pero hay otra noche, la segunda, que es mucho más profunda y silenciosa y que empieza cuando el asfalto cede su presencia a la nieve y los edificios se disuelven en la oscuridad rural de Hokkaido. En ese vacío blanco, cuando el frío muerde y la orientación se pierde, existen unos centinelas improbables. No son faros, ni templos, ni refugios. Son máquinas expendedoras (reconoce que si no hubiera sido por el título, no te lo esperabas). Cajas rectangulares de luz que, bajo la lente de Eiji Ohashi, dejan de ser simples dispensadores de cafeína para convertirse en balizas de esperanza.
¿Te imaginas el zumbido eléctrico de esas máquina en la profunda oscuridad de esas noches? Pues durante más de una década, Ohashi ha documentado obsesivamente estas presencias en su – absolutamente imprescindible – serie Roadside Lights. Lo que para ti, occidental, podría parecer una distopía consumista (¿hola? ¿una máquina brillando en medio de la nada?), para él es un paisaje de confort. Sus fotografías capturan el contraste brutal entre la hostilidad de la naturaleza invernal y la calidez artificial de estas máquinas. Enterradas bajo metros de nieve, solitarias en carreteras secundarias o vigilando esquinas olvidadas, estas estructuras se erigen como símbolos de una resistencia silenciosa, ofreciendo no solo bebidas calientes, sino la certeza de que la civilización, y con ella la seguridad, sigue ahí. Casi nada.
La epifanía de la ventisca en Wakkanai
Y, como tantas buenas historias, esta obsesión no nació de una búsqueda estética, sino de una urgencia vital. El origen de este proyecto es digno de una novela (podría ponerme a escribir una, ahora. Un retiro de un año. Una novela sobre máquinas de café en la nieve…). Hace años, mientras vivía en Wakkanai, la ciudad más septentrional de Japón, Ohashi se vio atrapado en una ventisca feroz. El mundo se volvió blanco, las referencias desaparecieron y el miedo a congelarse se hizo real. En medio de esa desorientación, vislumbró un resplandor difuso. Al acercarse, no encontró a una persona, sino a una máquina expendedora. Su luz no solo le guio de vuelta a la seguridad, sino que transformó su mirada para siempre, esa caja de metal le había salvado (ya luego, si eso, cuando escriba la novela le pongo un puntito más de emoción al asunto con alguna historia inesperada).
Desde entonces, Ohashi retrata a estas máquinas casi como si fueran deidades menores del camino, unos Jizō modernos de chapa y cristal. Lo cierto es que, en Roadside Lights, la máquina nunca es un objeto inerte, tiene personalidad. A veces parece un explorador valiente resistiendo la tormenta, otras, un compañero leal que espera pacientemente a que alguien necesite su calor. Es una forma de animismo contemporáneo donde la tecnología no te resultará aliena, sino que te acompañará en ese momento de soledad más absoluta.
Un retrato de la psique japonesa
Más allá de la belleza plástica del contraste entre el azul del anochecer y los colores pop de las marcas de refrescos, la obra de Ohashi funciona como un espejo social. En Japón, la omnipresencia de estas máquinas, que rara vez son vandalizadas, incluso en los lugares más remotos, habla de una confianza implícita en la comunidad y de una seguridad ciudadana envidiable. Pero Ohashi va más allá, ve en ellas una metáfora del trabajador japonés. Incansables, brillantes, siempre disponibles, soportando las inclemencias sin quejarse, cumpliendo su función con una dignidad estoica.
Gran parte de este trabajo ha sido recopilado en sus libros, unos volúmenes que se sienten más como un poema visual al invierno y a la resiliencia. Al pasar sus páginas, no puedes evitar sentir una extraña gratitud hacia estos monolitos brillantes. Eiji Ohashi logra lo imposible, que mires (que miremos) una máquina de Coca-Cola o de café y no veas un producto, sino un amigo que te dice, en medio de la oscuridad, «no te preocupes, estoy aquí. Sigue la luz«.
























Deja un comentario