¿Mirar al cielo o vivir en la calle? La dualidad de lo nuevo de Banksy…

Londres amaneció el pasado 22 de diciembre (sin fum fum fum, todavía) con esa electricidad estática que solo provoca un nombre, Banksy. Pero esta vez, el artista invisible no sólo te (nos) ha regalado solo una imagen, sino un juego de espejos que ha convertido la ciudad en una especie de tablero (ya me entiendes) de Cluedo a escala real. Porque, en un movimiento que mezcla la poesía visual con la travesura logística, han aparecido dos imágenes idénticas en dos puntos neurálgicos de la capital. Esta(s) nueva(s) creación(es), como es habitual, hace(n) gala de una sencillez desarmante. Son dos figuras, probablemente niños, abrigados hasta las orejas con gorros y botas de agua, tumbadas boca arriba, observando el cielo gris de Londres. Uno de ellos señala hacia arriba, con esa inocencia de quien descubre un milagro donde otros solo ven contaminación. O quizás algo más…

La confirmación oficial llegó, como dictan los cánones modernos, a través de Instagram. Banksy reclamó la autoría de la pieza ubicada en Bayswater, sobre una fila de garajes en Queen’s Mews. Pero, va, que es Navidad y nos gustan las buenas historias, aquí es donde la narrativa se retuerce un poco y se vuelve fascinante. Una «gemela» exacta apareció casi simultáneamente a kilómetros de distancia, a los pies de la torre Centre Point en Tottenham Court Road. Esta segunda, huérfana de validación oficial, ha quedado en un limbo artístico. ¿Es una copia? ¿Es un descarte? ¿O es parte de una narrativa más amplia sobre quién tiene derecho a mirar las estrellas? Sea lo que sea (o sea como sea), lo que parece claro es que Banksy ha descentrado la atención de la pintura para ponerla en la conversación. Otra vez. Genio.

La estrella de Belén era una grúa

Insisto: genio. La magia de Banksy reside a menudo en el encuadre, y la pieza de Bayswater es una clase magistral de contexto. En la fotografía compartida por el artista, el dedo del niño no señala al vacío, sino que se alinea perfectamente con la luz roja de una grúa de construcción que se alza sobre el edificio. Es un golpe de genio visual, una (casi potética) forma de transformar la maquinaria industrial y el ladrillo sucio en una suerte de portal navideño cyberpunk. Puede que la ciudad sólo vea obras y ruido, pero estos niños ven una estrella que les guía. Quizás se trate (a saber) de una reivindicación de la imaginación como herramienta de supervivencia urbana, un recordatorio de que la belleza en la metrópolis es, ante todo, una cuestión de perspectiva.

Sin embargo, la ubicación de la gemela no oficial en Centre Point añade una capa de lectura mucho más cruda. Este edificio, históricamente vinculado a la crisis de vivienda y a la especulación inmobiliaria en Londres, dota a las figuras abrigadas de un significado diferente. Aquí, los niños tumbados en el suelo dejan de parecer soñadores para recordar a los invisibles, a aquellos que duermen al raso. Si la pieza oficial celebra la magia, la no oficial nos clava la mirada en la realidad. Esa dualidad es puro Banksy, capaz de inspirar y de incomodar en el mismo parpadeo.

El silencio como megáfono

Venimos de un año donde Banksy ha sido explícitamente político, pero esta vez el artista ha optado por bajar el volumen para aumentar la intensidad. No hay eslóganes, no hay dolor, no hay ironía mordaz a primera vista. Solo quietud. Entre tanto ruido, entre tantas luces de colores destellando en cada ventana de nuestras ciudades, detenerse a mirar el cielo (o una pared) es un acto radical de celebración de la vida. Pura. Auténtica…

Poco importa si la segunda pieza es suya o no. La intervención ya ha cumplido su propósito, te ha hecho frenar. Te (y nos) obliga a preguntarte si, en tu carrera diaria por la ciudad, somos capaces de tumbarnos metafóricamente en el asfalto y buscar tu propia estrella, aunque esta sea solo una luz de obra parpadeando en la niebla de Londres.

Banksy pone la pintura, pero la historia, como siempre, la terminamos nosotros.

Vista nocturna de una calle en Londres con un edificio deteriorado y una persona caminando junto a un montón de basura acumulada en la acera.
Una obra de arte de Banksy en una pared, mostrando la silueta de un niño tumbado con un dedo apuntando hacia arriba, mientras personas caminan alrededor en un entorno urbano.
Un hombre camina junto a una muralla donde se encuentra una obra de arte de Banksy que representa a un niño tumbado en el suelo, señalando hacia arriba, con un edificio alto de fondo.


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One response to “¿Mirar al cielo o vivir en la calle? La dualidad de lo nuevo de Banksy…”

  1. […] hacia el vacío con el rostro asfixiado por una bandera es un sabotaje directo al sistema. Banksy acaba de plantar exactamente eso en Waterloo Place, en el mismísimo corazón de Londres. Un hombre […]

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